ALBERGUES Y CAMPAMENTOS

Cierre injustificado o prematuro de albergues oficiales

Durante las primeras semanas después del 19s, en los chats de Whatsapp de distintos colectivos de acopio y de apoyo solidario se volvió relativamente frecuente el intercambio de mensajes que informaban sobre el cierre de un albergue oficial. Personas solidarias preguntaban si alguien tenía los datos de los albergues que permanecían abiertos o de campamentos que estaban en condiciones de recibir a una persona o una familia que no tenía dónde quedarse. Conforme pasaba el tiempo era cada vez más difícil encontrar entre las redes de apoyo albergues oficiales abiertos y dispuestos a recibir a nuevas personas. También circulaban mensajes sobre el posible cierre o desalojo de algún campamento o centro de acopio que a su vez fungía como campamento o cocina durante el día. Aunque a veces esa información resultaba ser un rumor (en ocasiones con fundamento). Los mensajes reflejaban los temores y la gran incertidumbre que vivían las personas que no podían regresar a sus viviendas y que requerían alojamiento de emergencia.

Lo que era evidente para los que nos encontrábamos en las redes de apoyo solidario era que, si bien permanecía la necesidad de vivienda de emergencia, las personas afectadas no tenían certeza respecto a los compromisos que asumían las autoridades de la Ciudad de México para garantizarles la permanencia en los albergues oficiales o campamentos independientes por el tiempo que fuera requerido.

La información obtenida apunta a que durante los primeros tres meses después del sismo hubo un cierre acelerado de albergues oficiales que no correspondía a la permanente necesidad de vivienda de emergencia de algunos damnificados.

La Gráfica 2.4 nos permite identificar que, desde un primer momento, existieron más campamentos civiles que albergues oficiales. Aunque ambos tipos de vivienda de emergencia disminuyeron conforme transcurrían las semanas, podemos observar que los albergues oficiales cerraron en mayor proporción a los campamentos civiles. De acuerdo con el directorio de albergues de la Secretaría de Desarrollo Social de la Ciudad de México, a menos de un mes del sismo, el 14 de octubre de 2017, permanecían abiertos 14 albergues oficiales, frente a los 48 que abrieron inicialmente con capacidad para atender a 7309 personas. Para el 21 de noviembre, el listado de albergues oficiales indicaba que de estos solo 6 permanecían abiertos y a cuatro meses del sismo, en enero de 2018, solo existían tres albergues oficiales frente a 26 campamentos civiles activos. Hasta la fecha falta información oficial precisa sobre el número de albergues oficiales que han existido desde el sismo del 19 de septiembre de 2017, la fecha y razón de cierre de cada uno y el destino de las personas que aún se encontraban ahí y no tenían resuelta su situación de vivienda.

Gráfica 2.4 Número de albergues y campamentos ciudadanos activos en tres momentos

A diferencia de lo que alegan las autoridades, en muchos casos el cierre de albergues oficiales no obedeció a que el Estado hubiera tomado medidas apropiadas para garantizar que las y los afectados accedieran a un alojamiento temporal o a una vivienda permanente. Por el contrario, los datos recabados nos permiten identificar que, a medida que se cerraban los albergues oficiales, se mantenían abiertos los campamentos y albergues creados por la sociedad civil para hacer frente a las necesidades de la población que no tenía alternativas. En el Cuadro 2.2 podemos observar que, durante los meses de octubre a diciembre, cinco campamentos (19% del total) estuvieron recibiendo damnificados que originalmente se habían alojado en albergues oficiales.

Cuadro 2.2 Procedencia de los ocupantes de los campamentos o albergues
Porcentaje Porcentaje válido
Inmueble dañado 50% 57%
Inmueble colapsado 8% 9%
Inmueble dañado y colapsado 8% 9%
Albergue cerrado 19% 22%
Otro 4% 4%
No respuesta 12%
Total 100%

Las razones por las cuales las personas seguían necesitando alojamiento de emergencia o temporal, no solamente al momento de las entrevistas sino posiblemente tiempo después incluyen: quienes enfrentaban la inseguridad de dictámenes contradictorios o incompletos relacionados con sus antiguas viviendas; quienes no contaban con apoyos familiares y no lograban acceder a un lugar en alquiler con los 3 mil pesos mensuales que otorgó el Gobierno de la Ciudad de México, que no frenó el alza en el precio de las rentas en una situación de emergencia que se presta para la especulación; quienes ya pagaron su crédito para adquirir una vivienda y no estaban en condiciones de asumir otro para reconstruirla, por lo cual requerían de políticas de vivienda gratuita o muy subsidiada para garantizar su derecho a la vivienda.

¿Por qué las personas afectadas optaron por permanecer en los campamentos civiles en lugar de acudir a albergues oficiales?

“Mi vecina es una persona joven con dos bebés. Ellos son de Morelos, entonces pues digamos no tienen tantas capacidades económicas. Primero cuando llegó el delegado ahí, les dijo, las voy a poner en un hotel y que no se qué y sí las pusieron en un hotel, pero por Avenida Revolución y la niña estudia por aquí [Delegación Coyoacán]. Es una niñita de seis años, obviamente que cuando volvió a la escuela pues se tuvieron que venir aquí. Ahora están en un refugio [albergue o ficial], entonces pues ahí la verdad ese refugio tiene condiciones de ... ¡híjole!”
- Testimonio de una mujer damnificada

Mientras algunos funcionarios públicos con los que tuvimos contacto argumentaron que las y los damnificados prefirieron estar en los campamentos en lugar de los albergues oficiales porque querían cuidar sus pertenencias, los testimonios recabados por las brigadas ofrecen un panorama mucho más complejo. Si bien la mayoría de los campamentos se encontraban frente a los edificios para poder cuidar su patrimonio y fue un elemento importante para preferir los campamentos sobre albergues oficiales, éste no es el único factor. Las y los damnificados se refirieron a condiciones inadecuadas en albergues oficiales, incluyendo la falta de privacidad, la falta de condiciones de higiene, y ubicaciones lejanas de sus espacios laborales o de las escuelas de sus hijos. Explicaron que en ocasiones los horarios estrictos de entradas y salidas no correspondían a los horarios laborales en sus sitios de trabajo y afectaban su libre circulación. Al mismo tiempo se quejaron de actos de coerción, atención no digna, cierre injustificado y traslados no voluntarios. En otros casos, las personas afectadas acudieron a campamentos civiles porque los oficiales iban cerrando y no estaban en posibilidades económicas de rentar un espacio propio o de vivir en casa de familiares o conocidos.

Entre los campamentos que recibieron personas provenientes de un albergue cerrado, el traslado fue calificado de “No voluntario” en 83% de los casos, ya sea porque fueron desalojados o porque el albergue previo cerró (Cuadro 2.3). Además, hubo menciones sobre condiciones inadecuadas, y maltrato como otros motivos del traslado (Cuadro 2.4 y 2.5). El modo de traslado fue violento en uno de los casos y no violento en tres (Cuadro 2.6)6.

Cuadro 2.3 Voluntariedad del traslado
Voluntariedad Porcentaje
Voluntario 17%
No voluntario 83%
Total 100%
Cuadro 2.4 Motivo del traslado
Motivo Porcentaje
Adecuación social* 17%
Maltrato en albergue previo 17%
Albergue cerró o fue clausurado 50%
No respuesta 17%
Total 100%
Cuadro 2.5 Condiciones del albergue previo
Condiciones Porcentaje
Adecuadas 0%
Inadecuadas 33%
No respuesta 67%
Total 100%
Cuadro 2.6 Modo del traslado
Modo Porcentaje
Violento 17%
No violento 50%
No respuesta 33%
Total 100%

El caso de un albergue ciudadano que reemplazó las funciones de un albergue oficial

Cuando observó que sus vecinos habían perdido sus casas o habían tenido que salir de los inmuebles debido a daños estructurales, una familia ubicada en la delegación Benito Juárez decidió convertir su casa en un albergue ciudadano. Su decisión se volvió aún más relevante para las personas necesitadas debido a la falta de respuestas adecuadas por parte de las autoridades de la delegación.

La casa está diseñada para que la habite una familia de cuatro a seis personas. La construcción cuenta con una planta baja y un primer piso que forman un rectángulo paralelo a un patio de cemento que se extiende hasta el fondo del terreno. En la entrada un letrero hecho a mano sobre una cartulina amarilla anuncia: “Vecino, si perdiste tu casa o no tienes dónde dormir, estás bienvenido a quedarte aquí. Esta es tu casa”. Cuando la brigada de estudiantes de licenciatura visitó la casa por primera vez, los dueños saludaron con mucha amabilidad y nos dirigieron a una mesa de madera colocada cerca de la entrada donde un grupo de hombres jóvenes estaba jugando dominó. Una mujer de provincia se estaba quedando en el albergue porque su casa de adobe en el poblado de Atotonilco, Morelos se había derrumbado con el temblor y como no tenía a dónde ir, viajó a la Ciudad de México en búsqueda de un albergue. Mientras contaba lo que había vivido desde el sismo, su hija corría hacia el otro extremo del patio a subirse a una patineta y jugar con los otros juguetes que habían sido donados para los niños que se hospedaban ahí. Explicó la señora que acudió primero al albergue oficial de la delegación Benito Juárez, pero al llegar a la entrada le informaron que no podía permanecer ahí ya que su credencial de elector decía que provenía del estado de Morelos. Le dijeron que el albergue era solo para residentes de la Ciudad de México pero que en uno de los muros del edificio había una cartulina con la dirección de una casa residencial convertida en albergue. Quizás ahí la pudieran recibir. Así fue como llegó al albergue ciudadano dos semanas antes.

La madre con su hija eran parte de las treinta personas afectadas por el sismo que habían encontrado un refugio temporal en la casa residencial convertida en albergue ciudadano. Al momento de realizar la documentación, el albergue estaba habitado principalmente por personas que vivían en las delegaciones de Benito Juárez e Iztapalapa, aunque también había otros casos de personas provenientes de provincia.

El rechazo que habían recibido la mujer y su hija por parte del albergue oficial no era el único caso. De acuerdo con los datos recabados por la brigada, otros residentes del albergue ciudadano también habían intentado quedarse en albergues oficiales, pero se habían tenido que trasladar porque habían cerrado o las condiciones eran inadecuadas. Señalaron que estos albergues oficiales estaban en la delegación Benito Juárez7, y dos en la delegación Cuauhtémoc8.

Las personas damnificadas provenientes de uno de los albergues de la Cuauhtémoc explicaron que “las condiciones eran poco adecuadas para la estancia tanto familiar como individual”, por lo que decidieron abandonarlo. Las razones principales fueron pleitos internos, la imposibilidad de salir y entrar al albergue libremente y la concurrencia de rapiña. Los provenientes de la delegación Cuauhtémoc especificaron que “el trato y la atención del albergue coordinado por militares fue bueno; sin embargo, el albergue estuvo abierto poco tiempo y fueron desalojados”. Los provenientes del albergue en la explanada de la delegación Benito Juárez señalaron que la situación interna era regular; sin embargo, “fueron forzados a desalojar por las autoridades cuya justificación fue que ya contaban con el apoyo del gobierno de 3 mil pesos para adquirir una vivienda”. Sin embargo, no sabemos si las personas desalojadas recibieron esos fondos, que en cualquier caso posiblemente no les alcanzaron para rentar un espacio en la zona en la que se encontraban.

Una vez desalojado el albergue oficial de la delegación Benito Juárez, funcionarios de la misma dependencia llamaron repetidas veces a la familia que sostenía el albergue ciudadano para que recibiera a personas afectadas del albergue oficial cerrado, a pesar de que la casa ya no podía recibir más personas. Los testimonios dan cuenta de que “hay gente durmiendo en el piso sobre colchonetas y poca privacidad”. Estas solicitudes de recibir a más damnificados fueron su único contacto con la delegación. A pesar de enviar a varias personas que habían acudido al albergue oficial, las autoridades no apoyaron con las necesidades del albergue ciudadano, entre ellas: literas, lonas para el patio, psicólogos, medicinas, alimento especial para bebés y niños. El único apoyo que recibieron fue “una patrulla que vigilaba la calle más seguido a raíz de un robo de víveres sin violencia” solicitada por ellos.

El funcionamiento y abastecimiento del albergue ciudadano recayó casi exclusivamente en manos de los dueños de la casa. Uno de ellos se dedicó tiempo completo a las actividades necesarias para mantener el espacio, mientras el otro apoyaba al concluir su jornada laboral y los fines de semana. El sustento del albergue provenía de familiares de la pareja y de donaciones solidarias.

6. Los Cuadros 2.3 a 2.6 presentan cifras sobre los traslados que refieren a los cinco campamentos mencionados y un caso donde se presentó una situación de desalojo.

7. Listado de albergues comunicación social CDMX http://comunicacion.cdmx.gob.mx/noticias/nota/listado-de-albergues-cdmx

8. Uno de ellos, no es claro si fue oficial porque no se encuentra en las listas gubernamentales, pero sí sabemos que fue coordinado por militares.