AFECTACIONES A DERECHOS HUMANOS

Afectaciones durante la fase de emergencia

“Yo quería saber si mi vecina había salido o no [del edificio colapsado]. La verdad nadie me sabía dar razón. Estaban muchos voluntarios médicos, muchos voluntarios de todo tipo y unos me mandaban aquí a esta carpa -por decir ¿no? sobre Tlalpan-; este [me mandaba] para acá, este para allá y nadie me sabía decir [si la habían encontrado]. Hasta que por fin sí una persona me dijo ahí hay una lista de las personas que hemos estado sacando y en esa lista estaba mi vecina, la que en paz descanse, y ya ella me corroboró: la acabamos de sacar, etcétera. Hasta antes todos me mandaban [a todos lados], fueron como tres días que anduve yo: “Oye ¿alguien sabe de esta persona?” porque luego me decían que sí, luego que no, etcétera. Pero sí, ya hasta que finalmente como que ya alguien realmente hizo listas. ¿Quién la hizo? no sé, pero era de los mismos doctores que estaban ahí”.
- Mujer damnificada del Multifamiliar Tlalpan

La angustia expresada por la mujer damnificada del Multifamiliar Tlalpan fue un sentimiento compartido entre las personas que temían que algún ser querido se encontraba atrapado entre los escombros. La empatía por esa angustia contagió a miles de desconocidos, quienes en las horas inmediatamente después del sismo nos dirigimos a los edificios colapsados con el impulso humano de levantar ladrillo tras ladrillo, gritar para que posiblemente nos escucharan personas atrapadas entre el escombro y estar atentos a cualquier signo de vida. El puño levantado al aire exigiendo silencio se convirtió en el principal símbolo de la solidaridad ciudadana al comienzo de la emergencia.

Dicha solidaridad fue importante no solo como señal de empatía y compromiso de la sociedad civil. Seguramente, la presencia de la sociedad civil fue fundamental en las labores de búsqueda y rescate en aquellos casos en los cuales las autoridades no se presentaron en las zonas de riesgo o lo hicieron tardíamente.

Labores de acordonamiento, búsqueda y rescate

Treinta de las personas que respondieron nuestra encuesta reportaron problemas o irregularidades durante el proceso de acordonamiento de inmuebles afectados y de inicio de actividades de rescate.

Algunos de esos problemas tuvieron que ver con el retraso en el inicio de las labores. Aunque la gran mayoría de las personas entrevistadas reportaron que iniciaron el mismo día del sismo, existen algunas menciones de retraso en el acordonamiento de inmuebles afectados, que incluyen dos casos de inicio una semana después del sismo, dos casos de inicio más de una semana después del sismo, y un caso en el cual el inicio se dio más de dos meses después del sismo10. Si bien seguramente en esos casos no había personas atrapadas o desaparecidas con motivo de los daños del inmueble, la falta de acordonamiento oportuno pudo haber puesto en riesgo a transeúntes e inmuebles vecinos.

Otro problema importante tuvo que ver con la ausencia de autoridades estatales en algunos de los lugares de derrumbe. De las 103 personas que se refirieron a la existencia de actividades de rescate, 23% indicaron que ninguna autoridad estatal estuvo presente en ellas y, dentro de ese grupo, 40% de las labores (correspondiente al 9% del total de casos con respuesta) las llevaron a cabo exclusivamente miembros de la sociedad civil. Este amplio sector agrupa el diverso conjunto de brigadas civiles, miembros del equipo de Topos y donaciones internacionales, que en total hizo presencia en conjunto con autoridades estatales en un 43% de los casos.

Por su parte, en los 80 casos en los cuales sí se reportó la presencia de autoridades estatales, las más frecuentes fueron las autoridades civiles (Delegación, Gobierno de la CDMX, Protección Civil, diputados, DRO, Comisión de derechos humanos, bomberos11), las cuales actuaron en 73% de los casos reportados, ya sea solas o en conjunto con la sociedad civil o con autoridades de fuerza pública. Este último tipo de autoridad incluye a la policía, militares y miembros de la marina. En 8% de los casos, la fuerza pública fue la única autoridad presente, y en 52% de los casos colaboró con otros actores (Cuadro 3.2).

Cuadro 3.2 Actores que participaron en labores de rescate
* Sólo considera 103 casos con actividades de rescate.

El caso del Multifamiliar Tlalpan, que a continuación narramos en detalle, ilustra la importancia que puede tener la presencia de la sociedad civil allí donde también hay presencia de autoridades civiles y de la fuerza pública. Como veremos, los civiles jugaron un rol clave no solo de colaboración en las labores de búsqueda y rescate, sino también de atención a las necesidades de las personas rescatadas que las autoridades no suplían, y de monitoreo y exigencias a las autoridades. Obviamente, la actuación energética de la sociedad civil no estuvo exenta de problemas, en muchos casos derivados de la ausencia de competencias claras y de mecanismos de coordinación.

Así describe una vecina las primeras horas:

“El temblor lo viví en División del Norte, saliendo de un curso que me dieron del trabajo, no lo sentí tan fuerte y la verdad asumí que no había pasado nada. Me comuniqué de inmediato con mi familia, todos estaban bien; jamás, así jamás me pasó en la vida que le hubiera pasado algo a mi edificio. Por fin dije vamos a ver qué onda … cuando llegué sí se me cayó el alma en el estómago, el impacto de ver que se había colapsado el edificio es una sensación que voy a recordar toda mi vida … Yo, ese día, así como que no sabía ni qué hacer. Después de eso en la noche yo estuve de voluntaria como tres días, pero estábamos desorganizados … yo estuve en las filas de los voluntarios mujeres …me asombró la señora de al lado porque sí nos la echamos un buen rato, unas seis ocho horas continuas, una persona pues yo creo que fácil de unos 77- 75 años.”

De acuerdo con los testimonios recabados, durante las primeras horas solo se encontraba Protección Civil. Su presencia en esencia fue una casualidad provocada por el aniversario del sismo de 1985, cuando año tras año se realiza un simulacro para que los habitantes de la ciudad sepamos qué hacer en el caso de un terremoto. Por eso se encontraban manejando sobre Tlalpan de regreso a sus oficinas cuando tembló. Vecinos los vieron dejar sus camionetas en la vía pública y atravesarse al otro lado de la calzada para empezar a intentar rescatar a los que se encontraban atrapados, algo que lograron con éxito en esas primeras horas.

Poco tiempo después acudieron unos médicos voluntarios que se habían enterado del derrumbe en el Multifamiliar; aún no habían llegado otras autoridades ni la Cruz Roja. Empezaron a revisar a cada persona herida. A los que tenían heridas de primer grado los llevaban a las instalaciones de una primaria que, durante las primeras dos semanas, fungiría como una especie de hospital – albergue. La Cruz Roja, al llegar, acondicionó un segundo espacio como un primer filtro de revisión de casos; a los heridos de gravedad los llevaban a un hospital, a los que requerían atención de primeros auxilios o tenían heridas como fracturas permanecían con ellos, y a los que ya se encontraban estables y presentaban problemas de salud a ser monitoreados los llevaban al espacio organizado por los médicos en la primaria.

La primaria era una especie de hospital-albergue porque, además de los heridos, muchos de los damnificados del Multifamiliar son personas de la tercera edad, entre ellos algunos con problemas crónicos de salud, otros con dificultad de movimiento, y también hay muchos niños. Durante el primer día se tenía que estabilizar a todos. El pequeño grupo de médicos que llegó jugó un papel crítico de atender a los vecinos que se concentraron en la primaria - incluyendo organizar necesidades médicas, la comida, y el acopio – y ser el enlace entre ellos, los familiares esperando noticias de sus seres queridos que se suponía estaban atrapados entre los escombros, y la marina, que al poco tiempo llegó a tomar control no solo de la zona cero sino también del hospital – albergue. Dado que la marina no contaba con su propio equipo de médicos se tuvieron que seguir apoyando en los voluntarios, lo que generó una efectiva pero tensa coordinación. Los médicos jugaron un papel fundamental de amortiguar la verticalidad de la marina, por un lado, y por otro, facilitaron las condiciones de lo que posteriormente sería un proceso organizativo entre los mismos damnificados junto con un trabajo voluntario firmemente cohesionado que se llegaría a autonombrar el Grupo de Psicólogos y Humanistas Independientes. Así describen ellos la situación:

Toda comunicación y coordinación pasaba en algún momento por el capitán de la marina. Los médicos le tenían que entregar un reporte sobre la situación en el albergue – hospital mientras el capitán concentraba información sobre los avances en las tareas de rescate, actualizaciones que en un principio no compartía hasta que las personas esperando noticias expresaron mucha inconformidad. En ese momento los médicos intervinieron para pedir que los familiares fueran notificados lo antes posible cuando hubiera alguna actualización. Aquí de nuevo el equipo de médicos jugó un papel de intermediación clave para aminorar la tensión en la relación entre la marina y los vecinos. Fue cuando se empezaron a hacer y actualizar las listas que menciona la vecina del Multifamiliar en su testimonio al inicio de esta sección.

La mujer entrevistada que narró las primeras horas después del sismo continuó describiendo la relación con las fuerzas armadas: “Lamentablemente llegaron los militares y hasta ahí todavía [había] una cierta relación [con la autoridad]. Tú podías pedirle[s] cosas, te llevaban con los jefes, o sea, sí había una cierta empatía. Si ellos [protección civil] entraban o te dejaban pasar, los militares no decían nada.”

En contraste con las notas mediáticas que solían dividir a los distintos actores entre los que cumplieron bien sus obligaciones y los que incumplieron, los testimonios recabados reflejan cierta ambivalencia respecto a todos los involucrados. Aunque consideran relevante la muestra de solidaridad de los que de un momento a otro se convirtieron en cuadrillas de voluntarios, también admitieron el desorden generalizado. Rechazaron la presencia del ejército y de la marina, al mismo tiempo que reconocieron que algunos miembros de las fuerzas armadas buscaban dentro de sus estructuras jerárquicas la forma de responder a alguna petición o a las preguntas de las personas que habían habitado el edificio colapsado.

Si bien los vecinos entrevistados en el Multifamiliar no se refirieron a enfrentamientos entre la sociedad civil y las fuerzas estatales, estas situaciones fueron reportadas en otros edificios tales como Álvaro Obregón 286 y Chimalpopoca12. Sin embargo los vecinos sí expresaron una queja contundente hacia las autoridades de su delegación,

“Donde ya todo se cayó fue cuando llegó el gobierno [funcionarios de la delegación], prepotentes, muy desordenados. Llegó el delegado de Coyoacán, con quince personas, y de esas quince personas traían algo así una libretita, pero pues [si yo fuera] gobierno mínimo tengo un formato en el que tengo que hacer un censo y tengo que hacerme cargo de la situación ordenadamente porque yo tengo los recursos, yo tengo computadora. Pero no, estos señores así con su hojita…Ten tantita de empatía [gobierno], la gente ahorita pues es un fregadazo, pero aparte le pones obstáculos, demuestras una falta de empatía, de voluntad, de humanidad.”

Listados de personas desaparecidas y rescatadas

A partir del tercer día después del 19S empezaron a circular rumores en las redes sociales de que las autoridades, sobre todo el ejército y la marina, tenía la prisa de concluir la búsqueda de personas posiblemente atrapadas, remover los escombros con el uso de maquinaria pesada y demoler la estructura del edificio colapsado. Los rumores se sustentaban en casos concretos como un laboratorio ubicado en la colonia Roma, en el que las tareas de búsqueda concluyeron de manera acelerada, algo que sembró muchas dudas entre las personas que se encontraban alrededor de la zona. A los pocos días, el edificio había sido demolido, el predio limpio de escombro. Nos angustiaba que estas decisiones apresuradas resultarían en la muerte de personas posiblemente atrapadas entre los escombros y en la imposibilidad de rescatar los cuerpos de los fallecidos.

Hay que recordar que en ese momento había una gran incertidumbre sobre las personas que podían estar dentro de los edificios y que no habían sido reportadas. Para poder generar información al respecto, en la mayoría de los edificios colapsados los familiares, amigos y vecinos habían escrito en cartulinas los nombres de las personas reportadas y las halladas. Durante los primeros días las mantenían colgadas en lugares visibles frente a las zonas de derrumbe. De hecho, la búsqueda estaba orientada en parte por las listas, aunque para que fuera efectiva se requería de una coordinación más comprehensiva. Por ejemplo, fuimos testigos del caso de un trabajador que fue reportado como desaparecido por sus familiares, pero ellos desconocían la dirección exacta de su empleo y en ese perímetro había tres edificios colapsados.

Con tal de aportar a la generación de información, participamos en un esfuerzo ciudadano por construir una lista general no oficial de personas desaparecidas y halladas, y por actualizar esa lista periódicamente. Para ello consultamos las listas de los lugares en donde había edificios colapsados y después consultamos las de Locatel sobre personas hospitalizadas, redes sociales, notas periodísticas, etcétera; la tarea nos llevó a recorrer las zonas de derrumbe por toda la ciudad.

Sin embargo, para el cuarto día nuestro esfuerzo se vio severamente obstaculizado por cambios significativos en la organización de muchas de las zonas cero; las autoridades –en algunos casos el ejército o la marina– tomaron el control. Fue evidente el desplazamiento de la sociedad civil en algunas tareas de búsqueda; los perímetros se volvieron cada vez más inaccesibles y la información pública se fue volviendo reservada. Nos impactó ver cómo las listas ciudadanas, imprescindibles para tener certeza sobre quién se encontraba entre los escombros y cuántos faltaban por encontrar, fueron retiradas por las autoridades. Nunca entendimos por qué; ninguna autoridad nos ofreció una explicación que justificara la decisión, pero tampoco reemplazaron las listas con datos oficiales. Nos impactó ver cómo las listas ciudadanas, imprescindibles para tener certeza sobre quién se encontraba entre los escombros y cuántas personas faltaban por encontrar, fueron retiradas por las autoridades. Nunca entendimos por qué; ninguna autoridad nos ofreció una explicación que justificara la decisión, pero tampoco reemplazaron las listas con datos oficiales. De hecho, en el único caso en el cual las autoridades colgaron una lista fue en un edificio de la colonia Roma, pero ello fue el resultado de las presiones y exigencias de los familiares.

Estas primeras experiencias encontraron un respaldo más sólido en los datos que recabamos: de las 15 personas que reportaron que existió una lista en la zona de derrumbe de su edificio, 5 reportaron que esa lista existió pero que las autoridades no la publicaron, y en uno de esos casos la lista tenía información errónea (Anexo A3.1). Al parecer, las carencias de las autoridades intentaron ser suplidas por la sociedad civil, pues existen 11 casos en los que se elaboró un listado independiente o bien por la ausencia o bien por la imprecisión o falta de publicidad del oficial (Anexo A3.2).

Como proponemos en el capítulo 7, la existencia de protocolos que exigieran a las autoridades la elaboración y actualización periódica de listas oficiales de personas desaparecidas y halladas con o sin vida sería muy útil para la garantía de los derechos de esas personas y de sus seres queridos durante la emergencia.

Información sobre los resultados de las labores de búsqueda

Alrededor de las 2 de la mañana del quinto día de actividades de rescate en un edificio de la colonia del Valle, el turno de voluntarios de la sociedad civil empezó a notar que las órdenes de “¡Silencio!” se iban prolongando. Pasaban de 5 a 10 minutos hasta que de nuevo los coordinadores de las cuadrillas daban la señal de seguir con las actividades. Otra vez gritaban “¡Silencio!”, seguido por la interrupción del generador y las órdenes de apagar toda fuente de luz. La tensión que se sentía iba acompañada de una ligera pero creciente esperanza de que quizás los topos habían encontrado alguna señal de vida. Llegó una ambulancia con un equipo de paramédicos, un tanque de oxígeno. Un equipo de rescatistas especializados entró por un pequeño espacio al edificio derrumbado y no volvió a salir. Pasó el tiempo. Llegó una segunda ambulancia, que entró por el mismo hoyo un segundo tanque de oxígeno. Pasaron dos horas. Un coordinador recorrió toda la fila de voluntarios y, con una voz baja pero contundente, anunció: “Prohibido tomar fotos”. Regresó al poco tiempo para ofrecer un poco más de información: “Van a tardar varias horas en poderlos extraer. Ya no necesitamos voluntarios, váyanse a sus casas.” La marina se apoderó de la zona y la sociedad civil se vio obligada a retirarse.

Al día siguiente, regresamos al derrumbe. Llegamos hasta la valla que establecía el primer filtro de acceso a la zona cero. Ahí se encontraba un joven voluntario que, con su chaleco amarillo y su casco, les explicaba a los ciudadanos que se habían acercado que ahora ya tenían todos los voluntarios que se requería pero que regresaran en la madrugada cuando bajaba la cantidad de apoyo. Les daba instrucciones sobre el tipo de zapatos y equipo que debían llevar puestos. Nos acercamos a preguntar si tenía información sobre lo que había sucedido en la madrugada, con la inquietud de saber si habían logrado sacar a alguna persona con vida. Justo cuando se estaba acercando a nosotros para ofrecernos una respuesta llegó una autoridad, que parecía un militar vestido de civil, y con un tono cerrado y directo lo interrumpió: “¡Prohibido dar información!”. Después de lo cual se quedó vigilando la interacción. El joven voluntario dijo entonces que no sabía nada, se dio la vuelta y se fue. A pesar de nuestros múltiples intentos de indagar sobre los rescates de esa noche, nunca supimos qué pasó.

La situación anterior no parece haber sido excepcional. A un año del sismo de 19S, no existe información oficial sobre la cantidad de personas que se rescataron con vida en los distintos edificios derrumbados, ni mucho menos de la suma en toda la ciudad. Como lo muestra la situación que experimentamos en Edimburgo, dicha información parece ser tratada por la fuerza pública como un asunto clasificado de seguridad nacional, a pesar de que su publicidad resulta muy valiosa para la certidumbre y contención de la ciudadanía durante los primeros días de la emergencia, así como para la posibilidad de ejercer control y rendición de cuentas de las actuaciones de las autoridades en materia de rescate.

Frente al vacío de información oficial, nuestras brigadas intentaron preguntar a las personas entrevistadas sobre los resultados de las labores de búsqueda allí donde se habían llevado a cabo. El resultado fue que 13 personas reportaron el rescate o la evacuación de personas vivas; 5 personas reportaron el hallazgo de cuerpos de personas fallecidas, y 28 personas dijeron que no se había reportado ningún fallecimiento.

Gráfica 3.2 Número de inmuebles donde se rescataron personas o cuerpos, por delegación*
* La gráfica presenta el número de inmuebles distintos. Existieron varios reportes del mismo inmueble..

Personas fallecidas y trato dado a sus familiares

Aunque el dato oficial que se maneja respecto a la cantidad de personas que fallecieron durante el sismo del 19 de septiembre es 228, a un mes después del sismo, Animal Político publicó una nota en la que comparaba y contrastaba las distintas fuentes de información oficial sobre las personas fallecidas tras el sismo, apuntaba una serie de incongruencias y ponía en duda la veracidad de la cifra oficial13.

Algunos testimonios recabados por las brigadas en San Gregorio, Xochimilco, apuntan también en la dirección de la falta de veracidad de las cifras oficiales. Ciertas personas aseguraron haber visto más cuerpos de los 6 que reportan las fuentes oficiales en la zona del centro del poblado, donde se derrumbó un muro de adobe y se cayó un Súper Neto. Sin embargo, los brigadistas no lograron obtener información precisa sobre el número total de fallecimientos, sino simplemente registrar las dudas existentes sobre las cifras oficiales.

En general, nuestras entrevistas en los diferentes lugares de la ciudad registraron muy pocos fallecimientos14. En efecto, nuestra base de datos contiene solo cinco casos, todos documentados en el caso Bolívar 168, esquina Chimalpopoca. El logro de este registro se debe a que la documentación del caso fue realizada por el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, que desde el comienzo de la emergencia ha ofrecido acompañamiento a las víctimas. Como tal, el registro pudo cumplir con las condiciones de confianza y sensibilidad ética que son fundamentales para que casos de esta naturaleza se puedan documentar. Por su importancia, en lo que sigue se describe el caso en detalle.

Ubicado en la calle Bolívar no. 168 esquina con Chimalpopoca, se encontraba un edificio en donde realizaban actividades seis empresas con los nombres M Hilo, Línea Moda Joven S.A. de C.V., ABC Toys Company S.A. de C.V., SEO Young International S.A. de C.V., New Fashion, y Dashcam System S.A. de C.V. Las actividades de estas se centraban en la venta y habilitación de mercancías. En el caso de SEO Young International, había personas que laboraban reparando imperfecciones que sufrían los detalles de fantasía de las prendas que la misma empresa distribuía en su pequeña sede de la colonia Obrera.

Este inmueble ya había sido declarado en riesgo desde hace 13 años por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), por los daños que sufrió con el sismo de 1985. A pesar de ello, el edificio jamás fue demolido como debió hacerse y continuó en funcionamiento hasta el 19S. Peor aún: al edificio le fue añadido el peso, de más de 40 toneladas, de una antena y de la subestación eléctrica que la alimentaba para funcionar. Testimonios de personas que trabajaban en el inmueble aseguran que la parte del techo sobre la que estaba dicha antena se encontraba “columpiada” entre las columnas de la estructura desde antes de que ocurriera el sismo. Además, un familiar de personas fallecidas en el lugar siempre hace la observación: “cuando ves los videos del derrumbe, se ve cómo el edificio se empieza a caer del lado del que está la antena, el edificio se cayó por culpa de la antena”.

Las autoridades de la CDMX tardaron en hacer acto de presencia, tomando la sociedad civil de forma inmediata la tarea de organizarse en brigadas para remover escombros y rescatar persona. Tras su llegada, ni la policía capitalina (conformada por un grupo de granaderos que acordonaron el lugar), ni las brigadas de Protección Civil, ni las fuerzas armadas se dieron a la tarea de brindar información que pudiera dar cuentas de las personas que se encontraban en el edificio al momento del derrumbe.

Apenas un grupo reducido de personas pudo conocer la situación de una de sus familiares alrededor de las 23:00 horas del 19 de septiembre, quien, lamentablemente, había fallecido en el colapso. El reconocimiento del cuerpo se realizó de manera indigna, por medio de fotografías tomadas con el celular de otra de las familiares. Esto dificultó el reconocimiento del cuerpo al grado de que pudo repercutir en que dicha persona quedara sin ser identificada. Además, para identificar a otra familiar de las mismas personas, estas se tuvieron que trasladar de la Coordinación Territorial del Ministerio Público no. 8 al Semefo a altas horas de la madrugada del 20 de septiembre. Aunado a ello, en este mismo recinto, la funcionaria del área jurídica de la Semefo se negó a realizar el trámite sobre la solicitud de reembolso de gastos funerarios para las y los familiares, con total desconsideración del estado crítico emocional en el cual se encontraban las personas.

Por otro lado, el día 22 de septiembre se registró un acto de represión contra las brigadas que se encontraban a la expectativa de prestar sus esfuerzos para seguir buscando gente entre los escombros antes de que el predio fuera limpiado. Las brigadas se encontraban en un ambiente de desconcierto debido a la nula información proporcionada por las autoridades que resguardaban el predio. En medio de esta situación, la policía capitalina ordenaba que no se tomaran las herramientas que se habían donado para continuar las labores de rescate, ya que ahora pertenecían al gobierno de la Ciudad. Fue entonces cuando empezaron las tensiones entre brigadistas y la policía, cosa que derivó en agresiones físicas por parte de los granaderos a las personas que se encontraban exigiendo la entrada al predio y el acceso a las herramientas. Las brigadas se dispersaron junto con las pertenencias que pudieron recuperar de los alrededores para regresar minutos más tardes al lugar, donde encontraron a un grupo de granaderos formándose a unas calles del predio. Las y los brigadistas acordonaron el paso de dicha calle para proteger a quienes se encontraban haciendo labores de rescate y remoción de escombros. A los pocos minutos, los granaderos se retiraron sin generar mayores confrontaciones.

En total, con el colapso del edificio durante el sismo del 19S, fallecieron 21 personas. Esto solo se corroboró el 4 de octubre del 2017 por medio de un informe de la Secretaría del Trabajo y el Fomento al Empleo de la CDMX, en el cual se dio información respecto de las personas halladas en el edificio y las actividades que en este se realizaban. El informe fue obtenido gracias a la presión de la sociedad civil para que el gobierno de la CDMX garantizara el derecho a la información de las y los familiares de personas que se encontraban en Bolívar 168 en el momento del sismo. La falta de información, además, facilitó que se dieran toda clase de hipótesis respecto a cuántas y qué tipo de personas se encontraban en el edificio en el momento del sismo, generando un ambiente de desconcierto sobre hasta qué punto debían seguirse llevando las labores de rescate y remoción de escombros.

El tratamiento dado a los familiares de las personas fallecidos ha sido considerado revictimizante por ellas y sus defensores, quienes han promovido investigaciones penales con el fin de establecer responsabilidades sobre lo sucedido. Sin embargo, la falta de información y la aparente prisa de las autoridades por limpiar el predio en los días siguientes al sismo han obstaculizado las exigencias de justicia y reparación de las y los familiares de las personas fallecidas.

Resguardo y recuperación de objetos personales y otros bienes muebles

Los que vivimos en la Ciudad de México tenemos presente el 4 de octubre de 2017, día en el cual se logró rescatar el último cuerpo del edificio que colapsó en Álvaro Obregón 286, colonia Roma, y el presidente Enrique Peña Nieto anunció que habían concluido las “tareas de búsqueda y de rescate”. Muchos creyeron que, a partir de ese momento, se abría una nueva etapa post sismo. Sin embargo, para los damnificados, la “etapa de rescate” continúo varias semanas, incluso meses, después porque para ellos también era prioritario poder rescatar sus pertenencias de los edificios colapsados y dañados.

Como lo sugiere el testimonio de una mujer damnificada, la pérdida de objetos personales y de otros bienes muebles causa daños no solo materiales sino también emocionales importantes en las personas que han perdido o visto severamente afectadas sus viviendas:

“Éste es mi balcón [entre los escombros], todavía se ve mi cortina, y mi cama [risa nerviosa] era de metal. A mí me encantaba esa cama, se alcanza a ver cómo era de metal muy bonita, trabajada, pues se alcanza a ver. Yo desde el principio, desde que llegué, le decía a mi familia, ahí está, esa es mi cortina, yo la acabo de comprar en este año, esto es lo que falta, la parte, de aquí, el balcón todo eso sí ya lo quitaron, estos son de protección, pero bueno así está la cosa, esta es la parte que todavía falta.

A pesar de la importancia de los objetos para los damnificados, no existen protocolos claros ni exigibles sobre el modo en el cual estos deben ser protegidos y recuperados. El 19S, ello condujo a que, en algunos lugares, las autoridades se sintieran en capacidad de ordenar el retiro de escombro en los lugares de derrumbe sin que mediara ningún esfuerzo de recuperación de los objetos personales. Así sucedió en el caso de Bolívar, esquina con Chimalpopoca, antes referido. Aunque durante las primeras horas tras el sismo hubo personas solidarias que resguardaron los objetos personales encontrados entre los escombros en el estacionamiento del predio, tras la apresurada limpieza de los escombros y la toma de control de las fuerzas armadas, cesó toda información sobre los objetos personales de las personas fallecidas. Un familiar pudo obtener la bolsa de mano de su hermana, la cual fue entregada por un brigadista y un militar. Pero del resto de las pertenencias de sus familiares no volvieron a tener noticia; a pesar de que hicieron varias peticiones a diversas instancias gubernamentales (incluso a la delegación Coyoacán) para indagar sobre el paradero de los objetos, no lograron resultado alguno.

Durante las tres semanas después del sismo, al estacionamiento de la Alberca Olímpica entraban cada hora camiones de carga llenos de escombros provenientes de todos los edificios derrumbados de la delegación Benito Juárez. Los escombros se iban acumulando en pequeñas montañas de ladrillo, bloques de cemento, varillas y demás materiales de construcción, que también contenían fotos de familias, ropa, zapatos, y otros objetos personales. Aunque había guardias que prohibían el paso, algunos empleados de la Alberca Olímpica comentaban que durante la noche veían cómo le daban acceso a algunas personas para que buscaran entre los escombros objetos de valor. Fuera de ello, nunca se adelantaron labores de separación de los objetos de las personas damnificadas tendientes a su recuperación y resguardo. Antes bien, los escombros que contenían objetos en muchos casos invaluables para las personas eran recogidos por camiones de carga que llevaban todo a los basureros de las afueras de la ciudad.

Resultados como los anteriores solo pudieron evitarse en aquellos casos en los que los vecinos u otros miembros de la sociedad civil se organizaron para garantizar el resguardo de los objetos hallados entre escombros. Un ejemplo impresionante de ello es ofrecido por el edificio de Edimburgo en la colonia Del Valle. Las tareas de búsqueda de personas en ese edificio incluían el trabajo de cuadrillas de voluntarios que pasaban cubetas llenas de escombro de una persona a otra hasta que la última la vaciaba en un camión de construcción. Tarea de hormigas. De vez en cuando desde el derrumbe alguien gritaba “¡Archivo!”. En ese instante, en lugar de pasar otra cubeta, aparecía alguien con una carretilla llena de objetos, unos LPs, incluyendo uno de Michael Jackson partido a la mitad, una mochila, cartas de colección de baseball. Después nos enteraríamos de que unos grupos de personas, principalmente mujeres, habían propuesto encargarse de resguardar y ordenar los objetos personales de las personas que habían habitado el edificio.

Llegaron a la zona de derrumbe con el deseo de apoyar y sin tener ningún vínculo con los habitantes del inmueble; pronto se les ocurrió que intentar recuperar la mayor cantidad posible de objetos era algo que podían ofrecer a sus vecinos desconocidos. Sobre la avenida Gabriel Mancera el gerente de un supermercado Soriana ofreció que utilizaran el estacionamiento para juntar y ordenar los objetos que llegaban de la zona cero. Así se fueron amontonando objetos - libros, ropa y más ropa, zapatos, un Rubik cube, cassettes de clases de inglés, botellas de licor intactos, una vajilla entera de porcelana y, lo más importante, documentos oficiales tales como actas de nacimiento y pasaportes. Todos estos documentos los separaban en carpetas por familia y los guardaban en el sótano del estacionamiento en una esquina que el gerente del Soriana ayudó a acondicionar para asegurar que estuvieran seguros. El resto de las pertenencias los protegían de la lluvia con unas lonas colocadas en el estacionamiento, separados por tipo de objeto – juguetes en un lado, libros en otro, ropa en otro, etc.

Conforme pasaron los días fueron buscando a los sobrevivientes del edificio o a sus familiares, armaron un chat de WhatsApp donde informaban sobre los objetos que parecían tener mayor valor o sobre lo que habían rescatado ese día para que los vecinos fueran a recuperar lo que podían. Ya pasando las semanas los dueños de una cafetería de la esquina se acercaron con una caja de zapatos llena de fotos de una familia. Entre el caos la habían encontrado cerca del derrumbe y sospechaban que le pertenecía a algún vecino. Había tanta ropa recuperada, más de media tonelada, que a las voluntarias se les ocurrió contactar a lavanderías para preguntar si algunas quisieran donar sus servicios. Varios negocios familiares y un hotel aceptaron la propuesta y unos días después entregaron toda la ropa lavada, doblada y guardada en bolsas de plástico. Lo que no fue reclamado los voluntarios lo donaron a otros damnificados, una colección de LPs y centenares de libros tuvieron como destino un centro cultural en las periferias de la ciudad. Así, la red de voluntarios entorno a Edimburgo dio un ejemplo impactante de solidaridad entre desconocidos.

La coordinación ciudadana que se logró en el caso de Edimburgo da cuenta de que, aún en casos de colapsó, se puede llegar a rescatar una cantidad significativa de objetos personales. La recuperación y el resguardo de objetos es aún más posible en el caso de inmuebles con daño estructural, que deben ser evacuados para su demolición o reforzamiento estructural pero que permiten que, mediando condiciones de seguridad, puedan sacarse de ellos si no todos, al menos los objetos más importantes para las personas afectadas.

En muchos casos, la recuperación y el resguardo de objetos es importante no solo para proteger los derechos patrimoniales y los vínculos emocionales de las personas con sus bienes, sino especialmente porque los objetos personales—sobre todo los documentos de identidad y ciertas prendas—pueden facilitar la búsqueda de personas desaparecidas o fallecidas.

Por todas esas razones, nuestras brigadas hicieron varias preguntas a los entrevistados sobre sus objetos personales y otros bienes muebles. Aunque la gran mayoría (91%) de las personas reportaron no haber perdido sus bienes por encontrarse aún en un inmueble no colapsado, hubo 12 casos en los que los individuos sufrieron una pérdida definitiva de sus bienes. De ellos, ocho respondieron que ello se debió al colapso del edificio, y cuatro a la falta de resguardo o a la mezcla con los escombros (Cuadro 3.3).

Cuadro 3.3 Pérdida definitiva de objetos personales

Para las personas cuyos bienes permanecían en inmuebles con daños graves, el primer problema consistía en si las autoridades las dejarían entrar por ellos o no y en qué condiciones. Aunque la gran mayoría (89%) de personas entrevistadas expresó que podía entrar por sus bienes, en 7 casos manifestaron que no les permitían entrar al inmueble, y en 4 más expresaron que habían tenido que presentar un amparo para que les dieran tal autorización (Cuadro 3.4).

Cuadro 3.4 Acceso a objetos personales en el inmueble

Pero había un problema adicional y era quién y cómo serían resguardados los bienes que, por diversas razones, permanecían dentro de los inmuebles afectados. Dado que las personas afectadas tenían derechos patrimoniales sobre los objetos en cuestión y que la falta de protección podía agudizar sus afectaciones materiales y no materiales, podría haberse pensado que las autoridades los resguardarían enérgicamente. Sin embargo, ese no fue el caso. En la inmensa mayoría de las entrevistas (96%), las autoridades estatales no resguardaron los bienes de los afectados (esto solo se reportó en tres casos). A pesar de ello, en un 66% de los casos los propios afectados o la sociedad civil fueron quienes suplieron esa deficiencia. Por lo general, esto se hizo a través de la instalación de campamentos dentro o al lado de los edificios que controlaban el acceso a estos. Sin embargo, hubo un porcentaje alto (29%) de casos reportados en los cuales, ante la ausencia estatal, no existió ningún tipo de resguardo (Cuadro 3.5)15.

Cuadro 3.5 Existencia de resguardo de objetos personales

Al indagar sobre los actores sociales que tomaron decisiones respecto a objetos personales, los testimonios apuntan a que la presencia de autoridades fue mínima. Sólo 14 de las personas entrevistadas mencionaron que Protección Civil, la Delegación o el Gobierno de la Ciudad de México actuaron en este sentido y 6 refirieron que las autoridades presentes fueron de fuerza pública. En contraste, la presencia de vecinos organizados fue más notoria en este aspecto (44%), lo que refuerza lo señalado anteriormente sobre el resguardo de los objetos personales mediante la instalación de campamentos afuera de los inmuebles afectados. Pese a esto, cabe destacar que en 19% de los casos, los afectados actuaron de manera independiente y sin organizarse con otros vecinos (Cuadro 3.6).

Cuadro 3.6 Tipo de miembro de sociedad civil que tomó decisiones sobre objetos personales
* Incluye “sociedad civil” y “brigadas de vecinos”.

Los datos son bastante similares para los edificios reportados como pendientes de demolición: en tan solo en un 5.6% de los casos se dispuso el resguardo de los objetos. En cambio, en casi un 28% de los casos no hubo resguardo de ningún tipo, y en un 66.7% la sociedad civil se arrogó la función de resguardo ante la ausencia institucional.

La falta de resguardo dio pie a que se dieran situaciones de saqueo y rapiña en ciertos casos. Según una damnificada:

“Yo vi cómo todo el mundo se robaba cosas de los ‘escombros’ que le llaman. Son escombros, pero sigue siendo mi casa. Entonces, desde el ejército, desde el señor de la grúa, desde los que barren, todos, he visto cómo agarran. Ya, la primera vez te molestas, les gritas, ya después es como [qué le vas a hacer] [...] Has de cuenta que eso es mi departamento, bueno el edificio, yo estoy aquí porque a mí no me dejan pasar, pero yo puedo ver cómo me están robando, entonces pues les gritas y todo, pero les vale”.

En otros casos, no hubo resguardo a pesar de la presencia de autoridades estatales y de las solicitudes de los vecinos al respecto. Así, por ejemplo, en el Multifamiliar Tlalpan, aunque durante los primeros días los afectados intentaron recuperar y resguardar los objetos personales encontrados en los escombros con la ayuda de Protección Civil16, algunos se quejaron de que las propias autoridades encargadas del rescate se estaban apropiando de sus bienes. En palabras de un vecino damnificado: “Después de perder a los seres queridos, perder nuestras casas, lo más doloroso fue ver que fuimos víctimas de pillaje y de saqueo por parte de los mismos que habían participado en las tareas de rescate – el ejército, la marina, la policía.”

Según cuentan los vecinos del Multifamiliar, en cuanto llegaron los funcionarios de la delegación de Coyoacán, se puso fin a las tareas iniciadas con el apoyo de Protección Civil de recuperación y resguardo incluso de los objetos que estaban a simple vista. Lo que es más, las autoridades empezaron a tratar de modo denigrante las pertenencias de los damnificados: descartaban como simple basura los objetos personales que los mismos damnificados podían ver del otro lado de la valla que acordonaba el lugar, lo que provocó nuevas heridas para las personas que aún se encontraban procesando la pérdida de sus inmuebles, y en algunos casos de seres queridos o vecinos.

Según el testimonio de una damnificada, inicialmente el delegado de Coyoacán les informó que iban a tener la posibilidad de ingresar a la zona de derrumbe para recuperar sus bienes. Los vecinos del edificio colapsado acordaron que lo harían de manera ordenada y siguiendo protocolos de seguridad para todos. Sin embargo, al día siguiente el mismo delegado informó que ya no iban a poder pasar, pero su secretario propuso colocar contenedores en la zona de derrumbe para ir colocando los objetos personales. Tras varios días de no recibir sus objetos, la señora le recordó al secretario lo que él mismo había propuesto, pero este respondió que ya no era necesario:

“El de plano me dijo, ‘porque ya todo eso es basura señora y hágase a la idea de que es basura’. [Yo podía ver] fotos viejas y la gente llorando [porque quería recuperar algunos recuerdos]. ¿Con qué derecho le dice a la gente que puede perder todas sus cosas y aparte le llamas basura? Te quedas sin tu casa, sin tu necesidad básica que es techo, comida, lo pierdes todo, y además nos tratan como si fuera un delito y además le llaman basura a tus cosas. Ser damnificada no es un delito.”

La señora narra que interpuso un amparo para evitar que se llevaran los escombros; ante esto, de acuerdo con lo narrado por la señora, el secretario del delegado de Coyoacán respondió:

“‘Pues me traes ese número, y si no pues yo quito todo y claro que no te vamos a dejar pasar porque no entienden que eso ya es basura’. [Yo le respondí] pues no es basura para mí, para mí siguen siendo mis cosas y tú no tienes derecho a quitarme mis cosas, porque finalmente yo como ciudadano sigo teniendo mis derechos, yo también por eso interpuse una queja ante derechos humanos […] Perdóname, pero legalmente yo tengo derechos, y legalmente hay un pedazo ahí de 38 metros que sigue siendo mío.”

Ante esa situación, la vecina damnificada sugirió que esa amarga experiencia podría haberse evitado si hubieran existido protocolos para el manejo de los objetos por parte de las autoridades:

“Las autoridades realmente hacen lo que quieren. Yo creo que debería haber procedimientos, [ para que ] la autoridad [diga] mira tengo esto pues hacemos así. Tener protocolos, algo ayuda porque uno pues en ese momento nomas actúas de instinto, y sí, mucha gente se lamenta de que [vieron] cómo esos camiones se llevaron sus cosas, su ropa, pues aunque estabas ahí cerquita no pudimos hacer nada para evitarlo. Los policías, los militares, todo mundo [decía] ¡no, no, no, no!”

Afectaciones a la salud y la integridad física y psicológica de los damnificados

Los que vivimos el temblor el 19S experimentamos el terror y la sensación de fragilidad absoluta de que, en cualquier momento, un desastre puede provocar nuestra muerte o la de personas cercanas, de un segundo a otro la vida puede cambiar para siempre. Es una sensación de extrema vulnerabilidad que tiende a acompañar cualquier situación límite. En el caso de las personas damnificadas que perdieron temporal o definitivamente sus viviendas y objetos personales, esa sensación se ve magnificada al punto de que comúnmente puede generar cuadros de estrés postraumático. El cuadro puede ser mucho más severo cuando las personas son testigo de la destrucción de sus viviendas, cuando corren riesgo a su vida o daños a su integridad física o a su salud mientras ocurre el fenómeno natural, o cuando son experimentan el fallecimiento de seres queridos, vecinos o incluso extraños.

Ello explica que más de la mitad de las personas que respondieron a nuestra encuesta (53%) hayan reportado que ellas o algún familiar sufrió una afectación psicológica o emocional al momento de la entrevista. Posiblemente el porcentaje real sea más grande, dada la alta tasa de no respuesta, que puede deberse en este caso al pudor, la falta de confianza con el/la entrevistada, o incluso la falta de procesamiento de las dificultades psicológicas que experimentaban las personas entrevistadas. A esas afectaciones se suman, además, afectaciones a la salud reportadas por una quinta parte de las personas que respondieron, y que en 9 casos consistían en un estado crítico de salud (Gráfica 3.3).

Gráfica 3.3 Afectaciones a la vida reportadas

A pesar de la gravedad de la situación, como vimos en el capítulo 2, el 70% de albergues y campamentos en los que recolectamos información carecía de servicios de atención psicológica de cualquier tipo. Además, los datos que aquí analizamos muestran que el 89% de los entrevistados que respondieron haber sufrido afectaciones psicológicas manifestaron no haber reportado esta situación a las autoridades, por lo cual es probable que tampoco hayan recibido ayuda profesional. Esa situación puede haber facilitado y aún acentuado el desmedro en la salud psicosocial de las personas damnificadas con el pasar del tiempo.

En efecto, las personas damnificadas pueden experimentar profundas crisis psicológicas que no cesan tras los primeros días de la emergencia, sino que se agravan cuando, a pesar de los severos cambios que sus vidas sufren, deben enfrentar las exigencias ordinarias de retomar trabajos o estudios, de volver a una normalidad que, para ellas, en buena medida dejó de existir. Esas exigencias se combinan con las preocupaciones que, a medida que pasan los días, se multiplican, y que se relacionan entre otras cosas con la incertidumbre sobre la situación de sus inmuebles y sobre la posibilidad de reconstruirlos, sobre la necesidad de encontrar una solución de vivienda temporal (en muchos casos de largo aliento) y de asegurarse insumos suficientes para el diario, sobre los múltiples trámites que deben llevar a cabo para obtener documentos que acrediten su relación con los inmuebles, dictámenes, demoliciones, reforzamientos, subsidios, acceso a políticas de reconstrucción, etc., y sobre las incontables nuevas arenas de discusión política en las que deben participar para intentar que sus derechos no se vean (más) vulnerados con las políticas de reconstrucción.

Por ello, como lo explica una psicóloga social que estuvo acompañando a los familiares de personas fallecidas fuera de una zona de derrumbe, los protocolos y capacitaciones que reciben (o deberían recibir) las autoridades estatales (incluida la fuerza pública17) que deben atender situaciones de desastres dan prioridad al establecimiento de condiciones mínimas de certeza como parte de las medidas necesarias para contener la crisis. Algunas de esas medidas básicas incluyen proporcionar información de manera transparente y oportuna, al igual que canalizar la necesidad que suele tener una parte significativa de la ciudadanía de aportar a las tareas humanitarias y de rescate de manera efectiva y ordenada.

Esta observación no parece haberse limitado a las actuaciones de las autoridades durante las actividades de rescate. Como veremos a continuación, la falta de información clara, completa y transparente fue una constante en las distintas labores que desarrollaron las autoridades en la etapa posterior, por lo cual es muy posible que las personas damnificadas hayan experimentado una agudización de sus crisis o del deterioro de su salud psicológica y emocional en dicha etapa, al tiempo que el poco acceso a atención psicológica que algunos pudieron recibir en albergues y campamentos durante los primeros meses posiblemente cesó.

La potencial relación entre las actuaciones de las autoridades y el deterioro de la salud psicosocial de los afectados puede explicar que, en la gran mayoría de casos (89%), nuestros entrevistados hayan expresado que no reportaron sus afectaciones psicológicas ante ninguna autoridad. Colectivos de psicólogos independientes entrevistados para este informe consideran que la falta de acercamiento a las autoridades por parte de las personas afectadas se debe a dos factores: en primer lugar, que en muchos campamentos y albergues no existía personal del gobierno para ofrecer esta atención; y en segundo lugar, que cuando estos funcionarios ofrecían servicios, muchas veces no estaban capacitados como psicólogos clínicos ni tenían la experiencia para dar la atención psicológica requerida, sea porque se habían formado como psicólogos laborales o porque estaban apenas haciendo su servicio social.

Ante esa falencia estatal, cabe resaltar el esfuerzo independiente que hicieron los psicólogos voluntarios se organizaron para acompañar de manera sistemática a las personas damnificadas por periodos que se extendieron hasta por medio año después del sismo. Un ejemplo de ello, mencionado antes, es el del Grupo de Psicólogos y Humanistas Independientes que, en el Multifamiliar Tlalpan. Compuesto por un equipo interdisciplinario que incluía a tanatólogos, pedagogos, filósofos y nutriólogos, el grupo ofrecía no solo atención psicológica a adultos y niños, sino también un programa completo que ellos mismos desarrollaron después de estudiar documentos de atención psicológica en situaciones de desastre en lugares como Haití y Estados Unidos, y que incluía actividades recreativas, talleres grupales para evitar conflictos entre vecinos, la elaboración de dietas personalizadas para personas delicadas de salud. Aunque todos habían llegado al Multifamiliar como voluntarios los primeros días del sismo y ninguno tenía experiencia en este tipo de situaciones, formaron grupos de estudio para auto- capacitarse al mismo tiempo que atendían a las personas en el albergue. Para ellos, el trabajo de atención psicológica integral debe enfocarse en asegurar que los procesos de reconstrucción social vayan de la mano de la reconstrucción de los edificios.

10. En este rubro, los porcentajes de No respuesta fueron particularmente elevados (desde 48% hasta 89%), por lo que los resultados deben considerarse con cierta reserva. No obstante, dentro de las respuestas que logramos obtener se observan algunas omisiones de las autoridades

11. La amplia gama de autoridades reportadas obliga a cuestionar sobre sus labores; sin embargo, por las limitaciones de nuestra encuesta esta es una pregunta que queda abierta.

12. https://aristeguinoticias.com/2509/mexico/victimas-del-desastre-del-dolor-a-los-enfrentamientos-con-autoridades/

13. https://www.animalpolitico.com/2017/10/mapa-contra-olvido-reporte-oficial/

14. El porcentaje de No respuesta en esta pregunta fue de 43%. Incluso considerando esto, es factible afirmar que pocas de las personas entrevistadas vivieron la desgracia del fallecimiento de algún familiar.

15. Esta situación no cambió en los casos de edificios que habían sido dictaminados para demolición, que representan el 82% del total de las entrevistas (Cuadro 3.11). Aquí, la falta de celeridad afectó la posibilidad de recuperar los objetos personales atrapados y quienes participaron en mayor medida en el resguardo de los objetos fueron miembros de la sociedad civil.

16. Narra una señora damnificada entrevistada: “Protección civil nos dijo: tenemos objetos. Entonces se les solicitó a la iglesia y ellos nos dieron un poquito [de espacio] […] pues es que era un montón de cosas y todos estamos ávidos a ver que encontrábamos, la verdad sí, mucha gente sí encontró muchas cosas, o sea muebles completos, por decir, llenos de papeles y a lo mejor ya no servía nada, porque una señora decía ay pues ya ni me sirve, bueno pues fue lo que se encontró”.

17. A pesar de que (como explicamos en el capítulo 7), el plan DNIII es información reservada por cuestiones de seguridad nacional, la psicóloga nos dijo que en su capacitación le informaron que esas medidas están contempladas por los protocolos del ejército. Ahora bien, como también veremos en el capítulo 7, una cosa es lo que dicen las regulaciones y protocolos y otra muy distinta la que sucede en la práctica.