PROCESOS ORGANIZATIVOS

La búsqueda de los desaparecidos del terremoto, de la emergencia a los problemas estructurales

Luis Gómez Negrete
Politólogo de la UNAM que ha trabajado en favor de las personas desaparecidas y sus familias desde el 2011 y quien apoyó durante el sismo del 19 de septiembre de 2017 las labores de búsqueda en la Ciudad de México.

Labores de búsqueda y rescate

La sombra del fenómeno nacional de los desaparecidos y fallecidos sin identificar se hizo sentir en la respuesta de la sociedad civil para atender la crisis derivada del sismo. La sociedad civil respondió de manera inmediata a la emergencia. Hicieron esfuerzos de rescate simultáneos, no centralizados y mínimamente coordinados, lo cual salvó vidas y alivió el sufrimiento de muchas personas.

Aunque las afectaciones por el terremoto fueron focalizadas, existen cuestionamientos sobre la acción de las autoridades ante la emergencia, muchos de ellos derivados de problemas de fondo de las instituciones.

La primera acción de las autoridades al llegar a los inmuebles afectados fue negociar un traspaso de responsabilidades con sociedad civil, que en la mayoría de los casos asumió las labores de búsqueda y rescate debido a la ausencia de las autoridades. El traspaso de responsabilidades implicó hacer un recuento verbal sobre las acciones realizadas, un listado básico de las personas presumiblemente atrapadas en los inmuebles, una negociación sobre la distribución de roles de los voluntarios de la sociedad civil, que por su grado de involucramiento eran indispensables para continuar con las labores.

Aunque el C5 llegó a acuerdos de roles, responsabilidades y distribución de mando con las instituciones involucradas en la búsqueda y rescate, algunos lugares cambiaron de mando más de una vez, pasando de sociedad civil, al ejército, del ejército a la marina y de la marina a la Cruz Roja Mexicana. En estos traspasos se consolidaron equipos híbridos.

Un ejemplo de ello fue en el edificio de Bolívar y Chimalpopoca, en donde cuatro días después del sismo permanecía a cargo de la gestión médica un doctor de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México que daba consultas a domicilio y durante su recorrido fue sorprendido por el sismo. El edificio se colapsó frente a él y desde ese momento se encargó de atender a los heridos. Días después todavía estaba a cargo de la coordinación. El funcionario público con un rol de voluntario tomó una de las responsabilidades más importantes en uno de los casos emblemáticos del sismo.

Personas desaparecidas

Algunas acciones establecidas en los protocolos vigentes para la búsqueda y la identificación de restos debieron hacerse desde el primer momento. El gobierno de la Ciudad de México confió su respuesta para la búsqueda y el diálogo con las familias al Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes. Los problemas para organizar una respuesta en la emergencia fueron los mismos que en los casos del día a día, después de recibir de manera telefónica los reportes de las familias y hacer una ficha con el nombre, la filiación descriptiva, las pertenencias y las circunstancias de la desaparición, no hicieron más para dar con el paradero de las personas. El seguimiento con las familias fue nulo.

Durante los primeros días de emergencia CAPEA se quedó en sus oficinas recibiendo llamadas sin concretar ninguna acción efectiva de búsqueda. No fue hasta el cuarto día que llegaron los primeros funcionarios de CAPEA acompañados de ministerios públicos y policías ministeriales a reconstruir los hechos, sus fuentes principales fueron los voluntarios, quienes haciendo memoria contaban las personas que habían visto salir, en algunos casos recordaban sus apodos o nombres, en otros tan solo sus caras.

El rol fundamental del Estado para reconstruir el perfil de las personas desaparecidas y su posible paradero quedó vacío. Lo ocuparon los equipos de la sociedad civil, entrevistaron a los testigos y familias desesperadas. La falta de listados depurados de personas desaparecidas, personas halladas con vida y personas halladas sin vida generó un descontrol sobre el número de personas que debían ser buscadas. Además de los conteos que pudieron crear los equipos voluntarios de rescate, no había un soporte que diera certidumbre sobre los universos de búsqueda posibles. Esta tarea debió estar coordinada entre los equipos de rescate y una oficina encargada de conformar en el terreno y de manera remota, registros sobre las personas que estaban siendo buscadas. Esto hubiera podido orientar de mejor manera las búsquedas y con ello las posibilidades de encontrar personas en menor tiempo y en mejores condiciones de vida.

Las familias de las personas desaparecidas

Durante las primeras horas después del sismo las familias de personas desaparecidas se dedicaron a las acciones de rescate, con la llegada de equipos profesionales de rescate, su rol se fue relegando y en casi todas las zonas de desastre se instalaron campamentos provisionales.

Quizás lo último en conformarse después del traspaso de mando en las labores de rescate era una vocería encargada de hablar con las familias. Esto implicó que en múltiples ocasiones las familias fueran mal informadas sobre la situación, recibieran noticias contradictorias de los topos, del equipo médico, del mando de las operaciones, que se les notificara de hallazgos y después se les desmintiera, se les informara tardíamente de las identificaciones y nunca se les explicara y preparara para entender y recibir noticias difíciles. Esto era aún más grave en los casos de las personas fallecidas cuyos restos fueron fragmentados. La pregunta de por qué no se puede recuperar todo el cuerpo en muchos casos no fue respondida.

Las familias eran llamadas constantemente para orientar a los equipos de rescate sobre los espacios de los edificios, sobre las personas que podrían habitarlos, se les llamaba también para hacer “reconocimientos” de restos o pertenencias, y al mismo tiempo eran informadas oficialmente cada cierto número de horas sobre los avances de las operaciones. Esto, generaba un sinfín de información que se intercambiaba entre familias y que circulaba de manera informal en los perímetros aledaños a las zonas de desastre.

Si bien hay situaciones en donde los cadáveres pueden conservar algunas señas particulares que les hacen reconocibles y por lo tanto, las acciones para la identificación ameritan análisis menos profundos que en otros casos, el reconocimiento de la familia nunca es suficiente. Sin embargo, el reconocimiento de la familia constituía una práctica común para notificar de un fallecimiento, lo cual hacía descansar en la familia una enorme responsabilidad.

En algunos casos las familias se enteraban del fallecimiento de su familiar porque ellos mismos los reconocían, situación sumamente traumática, y sin la intervención de un especialista. En otros casos las familias pasaron días esperando en campamentos sin ser notificados sobre el rescate de sus familiares, incluso identificados sin vida. Estas situaciones no de deben a que el Estado estuviera rebasado, sino a la falta de coordinación entre instituciones y autoridades responsables, cuyas consecuencias son graves por la falta de respuestas satisfactorias y dignas a los familiares de personas desaparecidas.

Dentro de los procesos de identificación de restos en la etapa de emergencia, son fundamentales: el hallazgo, la recuperación, el análisis en laboratorio, la asociación (en los casos de restos fragmentados), la toma de información a las familias, la notificación y la entrega de restos.