PROCESOS ORGANIZATIVOS

Grupo de Psicólogos y Humanistas Independientes.

Albergues y campamentos Multifamiliar Tlalpan, Delegación Coyoacán

Empezamos a acompañar a las personas damnificadas por el sismo que vivían en el Multifamiliar Tlalpan a partir del 19 de septiembre. Algunos de nosotros llegamos desde esa primera noche como voluntarios para apoyar en lo que fuera necesario; llegamos con la intención de apoyar con la planta de luz y otros elementos básicos de infraestructura que se requerían para las tareas de búsqueda. Después de los propios vecinos, y un grupo de protección civil, los primeros en llegar al Multifamiliar fueron unos médicos que habían ido inicialmente al Rébsamen y después a la Unidad Habitacional Girasoles, pero como las dos zonas de derrumbe ya estaban saturadas de voluntarios se fueron al Multifamiliar, habían escuchado que ahí no había nadie apoyando. Cuando llegaron aún no había presencia de la autoridad ni de la Cruz Roja.

Los médicos empezaron a revisar persona por persona. En esas primeras horas de la emergencia llevaron a los heridos y a los vecinos que tenían complicaciones de salud a una parroquia cercana. Cuando la parroquia - que en un principio centralizó el centro de acopio y atención a heridos – se vio desbordada pidieron a la directora de la primaria que se acondicionaran las instalaciones de la escuela para llevar a los damnificados a ese espacio. Los vecinos que tenían heridas de primer grado los llevaron allá, así fue como la primaria se convirtió en un tipo de albergue – hospital, siguió funcionando así durante las primeras dos semanas después del sismo. Cuando los médicos se dieron cuenta que algunos de los que llegamos somos psicólogos nos pidieron que atendiéramos a los a las personas que estaban entrando en shock, mientras ellos revisaban a otras personas según su estado y grado de salud.

Llegó después la Cruz Roja, acondicionaron otro espacio para que fuera el primer filtro de revisión de los heridos. Los hospitales estaban saturados entonces todo lo que se podía atender tanto en el puesto de la Cruz Roja o en el albergue – hospital se atendía ahí mismo, solo las personas con heridas más graves se los llevaban al hospital. Los primeros auxilios y heridas, como fracturas, se atendían en el primer filtro. Las personas que no se encontraban tan graves o ya los habían estabilizado lo suficiente los mandaban al segundo filtro, el albergue – hospital. Muchos de los 500 damnificados del Multifamiliar son de la tercera edad y también hay muchos niños. Todos requerían cuidado adicional y había que estabilizar a todos. Llegó una nutrióloga independiente, los revisaba a cada uno, y según sus problemas de salud les hacía una dieta especializada. Durante las primeras dos a tres semanas cada adulto y cada niño que se estaba quedando en la primaria tenía una dieta personalizada. Y cuando el albergue se trasladó a la casa de la cultura cada uno de esos expedientes se entregaron para darles seguimiento.

El equipo de médicos también empezó a organizar no solo las necesidades médicas, sino también la comida, y el acopio. Llegaron más médicos y ellos revisaban a los menos graves. También implementaron medidas de seguridad en el albergue porque habían muchos niños, era importante asegurar que se monitorearan las entradas y salidas de toda persona. Al poco tiempo incluso hicimos gafetes para poder identificar a los voluntarios.

Además, cada cierta cantidad de horas los médicos organizaban una brigada para hacer un recorrido por la zona cero donde estaban los familiares esperando noticias de sus seres queridos que se encontraban atrapados entre los escombros. Cada brigada se conformaba por dos médicos, un veterinario y un psicólogo, a veces también los acompañaban un tanatólogo o un sociólogo. Para cada una de esas visitas los médicos llevaban insulina y medicina para la hipertensión porque muchos de los familiares tienen diabetes o la presión alta. Como muchos son personas mayores sus perros estaban solos y sus perros eran su soporte, literalmente les ayudaron a sobrevivir, por eso el veterinario acompañaba las brigadas para asegurar que las mascotas estuvieran bien.

Aunque la marina estaba a cargo de todo, ellos eran los que vigilaban tanto la zona cero como el albergue, aunque eran los médicos como civiles los que coordinaban. La marina llegó pero no tenía médicos entonces no le quedó otra opción salvo la de apoyarse en ellos. A los civiles les delegaron organizar el comedor, la farmacia, todo. Por su lado, los médicos tenían que reportarse con la marina. El capitán de la marina llegaba a supervisar el albergue y concentraba toda la información. Daba un informe de vez en cuando pero al poco tiempo había mucha gente inconforme. No tenían información sobre sus familiares. Los médicos entonces propusieron que se eligiera un representante por edificio para así agilizar la comunicación. Ellos se preocupaban mucho por corroborar la información, había muchos rumores, la gente estaba desesperada y ellos sabían que era fundamental poder verificar la información y comunicarla lo antes posible. Por eso en parte hacían las brigadas y llevaban un expediente de cada caso.

Hubo momentos muy difíciles. Los médicos incluso decían que los primeros en necesitar hablar con un tanatólogo eran ellos. Reconocieron que no estaban preparados por todo lo que tuvieron que enfrentar, lo más difícil era decirle a un familiar que su ser querido había fallecido. Entonces pidieron apoyo de los tanatólogos voluntarios para primero saber cómo comunicar la noticia y segundo, para que hubiera alguien capacitado para acompañar a la familia. Eso fue sumamente importante en esos primeros días pero también para que los familiares pudieran trabajar el duelo y los psicólogos le pudieran dar seguimiento.

Algunos de los psicólogos voluntarios hicieron guardias de noche mientras otros se organizaron en turnos, de esa manera siempre había alguien para atender a una persona en un momento de crisis y cada psicólogo podía darle seguimiento a las personas que empezaron a atender. Esa continuidad en el trato era muy importante para las personas damnificadas que habían sufrido una ruptura tan profunda en sus vidas; no querían hablar un día con un psicólogo y otro día con otro, sino establecer una relación de confianza.

Empezaron a llegar más voluntarios, llegamos a ser hasta 20 personas, aunque el núcleo duro fue de 10, a los seis meses del sismo permanecían 5 del grupo inicial. Lo que hicimos fue dividirnos por subgrupos de voluntarios. Nos pusimos el nombre del Grupo de psicólogos y humanistas independientes porque también había pedagogos, filósofos, tanatólogos, la nutrióloga, etc. Nos coordinamos en chats de whatsapp y teníamos que reunirnos al final de cada día para compartir información y para acordar las prioridades del siguiente día. Si llegaban nuevos psicólogos con ganas de apoyar, una del equipo les daba una capacitación para que estuvieran familiarizados con el contexto específico y después a cada uno se le asignaba un caso para que estuviera al pendiente de la misma persona. Además de nosotros llegaron otros voluntarios independientes a los albergues del Multifamiliar, la suma de los esfuerzos y trabajos de todos estos voluntarios fue sumamente importante.

Coordinábamos todo con el grupo de médicos; eran médicos voluntarios con muchísimo tacto que además sabían organizarse y sabían comunicar las cosas. Y tenían la disposición de coordinarse con los psicólogos. Los médicos no suelen saber cómo trabajar con psicólogos, pero en está situación de emergencia reconocieron la importancia de hacerlo porque había que trabajar sobre todo la ansiedad de los damnificados. En esas primeras dos semanas funcionaba todo gracias a la jerarquía médica, aunque estuvieran subordinados al plan de la marina.

Cuando se fue la marina se fueron los médicos. La marina iba a tomar control de todos los puntos civiles pero se dio una discusión sobre quien debería asumir funciones, el gobierno de CDMX o la Federal; la federal tenía como autoridad al ejército o la policía federal. Quisieron meter a psicólogos de la Policía Federal, junto con otros elementos de la PF para la vigilancia y la seguridad. Los damnificados, cuando vieron a la PF en sus uniformes, dijeron, “¿Qué están haciendo aquí?”. “Pero somos psicólogos.” “¡Psiquiatras uniformados NO!”. Exigieron que nos quedáramos nosotros.

Un día llegaron todos al albergue - la marina, el ejército, el gobierno de la CDMX – ese dio tuvieron que ponerse de acuerdo. Los médicos se querían quedar pero les dijeron que ellos tendrían que asumir la responsabilidad jurídica de todas las personas que se encontraban en el albergue en la primaria. No era algo que podían asumir. Fue una manera de presionarlos para que se fueran. Por eso las funciones las asumió el gobierno de la CDMX y los médicos se retiraron. Sobre la posibilidad de que se quedara la marina, la gente les dijo, “no muchas gracias, váyanse marina”.

Ya para entonces los mismos damnificados se habían organizando con sus representantes y sus comisiones. La segunda etapa de apoyo en el albergue surge por la suma de una serie de factores - ya no habían más tareas de búsqueda, los médicos se retiraron y los damnificados se estaban organizando, en coordinación con los voluntarios.

En cuanto nuestro equipo, nos empezamos a organizar mucho más y a capacitarnos para saber cómo atender mejor las necesidades que iban surgiendo. Buscamos manuales de atención psicológica en situaciones de trauma post desastre, por ejemplo de Haití y de Estados Unidos. Nos fuimos enterando que en contextos parecidos los psicólogos se refieren a distintas etapas, la primera es la atención de la crisis emocional, espiritual y psicosocial, la segunda, al proceso de aceptación y la resiliencia y la tercera la reconstrucción emocional y social.

Nos preparábamos mucho; leímos muchos documentos para saber cómo armar nuestro plan de atención y de trabajo. Eso nos permitió prevenir situaciones que pudieran generar nuevamente estrés y angustia, por ejemplo cuando se cambia el albergue a la casa de la cultura. Ya sabíamos que podía suceder y pudimos prevenir. Tuvo resultados. Por ejemplo, algunos damnificados tenían un bloqueo emocional muy importante. Algunos, aunque eran abogados y conocían de leyes, no querían firmar los papeles que tenían que firmar como parte de sus trámites. Estaban paralizados. Pero hacíamos ejercicios grupales con ellos para recuperar y afirmar que tienen recursos para resolver las situaciones que ahora estaban enfrentando, y que estos se ven fortalecido cuando el trabajo es grupal.

Desde el inicio dimos contención a los vecinos del edificio que colapsó. Participaron sobre todo los tanatólogos y un terapeuta físico. Después nos contactaron para pedir acompañamiento grupal pero tardamos un poco en poderlo llevar a cabo, no porque no queríamos sino porque nos queríamos preparar bien, tener claridad sobre cómo eran las condiciones en las que estaban y así poderlo diseñar según sus necesidades. De hecho, con ellos el trabajo de tanatología fue muy importante porque ayudó a empezar el proceso de duelo y facilitó el acompañamiento psicológico para algunas cosas que ya habían empezado a acomodar y a poder nombrar.

Esas semanas llegó demasiada gente a ayudar. La primaria era una torre de babel.
Cada equipo se siguió organizando. Hacíamos juntas para recapitular el día, qué necesidades tenía la gente, cómo cubrirlo. Teníamos horarios fijos, proyectos y un calendario de actividades. Cada psicólogo tenía asignada a una persona. De todos los que fueron atendidos se les hicieron expedientes. Nos ayudó mucho que no solo dábamos consulta sino que apoyábamos en la cocina, limpiábamos las letrinas, barríamos, etc. También enfatizamos mucho el auto cuidado entre nosotros, no solo para los psicólogos, sino también para todos los demás voluntarios.

Ya para entonces estábamos haciendo muchas actividades de todo tipo, incluyendo con los niños, trabajábamos con cuentos sobre la tierra que se mueve. Una del grupo era la encargada de los grupos de niños. Teníamos una comisión política y social. Otra comisión de terapia de adultos y de niños, un área de administración y coordinación. Creció y se fortaleció el grupo porque había gente clave, algunos con un liderazgo natural, que sabían organizar y mantener la estructura, además se quedaban en el albergue, lo que facilitaba estar al pendiente de las cosas, otros eran muy buenos dando terapia, etc.

Cuando llegó el gobierno de la CDMX quiso retirar al equipo de psicólogos y cambiarlos por otros. Los damnificados se opusieron, dijeron bueno, se puede cambiar el grupo de psicólogos solo si pueden garantizar la continuidad. Obviamente no podían. Los psicólogos de la CDMX no eran clínicos, ni tenían experiencia dando consulta, eran psicólogos laborales o estaban hacienda su servicio social. Algunos eran humildes y reconocían que no tenían la capacidad y se ofrecían a apoyar en otras cosas, no daban consulta, pero algunos solo con su uniforme de la CDMX se sentían muy empoderados y arrogantes. Los damnificados dijeron es que ya tenemos a nuestros psicólogos y seguían apoyándonos.

Nos apoyaron muchas organizaciones de psicólogos e instituciones, tanto de universidades como de hospitales. Además que nuestro grupo tuvo una mezcla intergeneracional muy importante, con una mezcla de psicólogos que estuvieron en el ‘85, la generación más joven y una intermedia. Eso nos permitió redefinir el papel del psicólogo, no como un trabajo aparte, sino mano a mano con los médicos, tanatólogos, los pedagogos, etc. Para nosotros lo más importante fue enfatizar que la reconstrucción no es solo de los edificios sino de la comunidad, la reconstrucción social tienen que ir de la mano de la reconstrucción de las viviendas.

En una tercera etapa ya no buscábamos a la gente, sino esperábamos que nos buscaran en la parroquia, ahí teníamos un espacio que era ludoteca pero ahí también se daba consulta. Y apoyábamos con talleres específicos. Sobre todo con los vecinos del edificio colapsado.

Se cerró un ciclo en Navidad. Hicimos una ceremonia muy linda para recibir el año nuevo. Muchos de los vecinos se enfocaban en lo que no pudieron rescatar de sus hogares, era algo que repetían una y otra vez. Les generaba mucha tristeza no haber rescatado sus cosas, pensaban mucho en lo que no pudieran llevar. Entonces les dijimos que en lugar de enfocarse en lo que no se rescató, mejor en lo que dejamos ahí. Escribieron cartas sobre las tristezas emociones, dolores, todo lo que querían dejar ahí y los fueron a dejar entre los escombros.