TESTIMONIOS


De regreso a la Villa Centroamericana

Ambar Paz Escalante
Estudiante de doctorado, CIESAS
Brigada Villa Centroamericana, Delegación Tláhuac

Cuando le pregunté a mis amigas y a mi padre cómo habían vivido el sismo en Villa Centroamericana, delegación Tláhuac, me respondieron que la manzana X1 fue la que sufrió más daños y me comentaron que unas vecinas de ellos habían perdido sus departamentos ya que tenían grietas y estaban a punto de colapsar. También me compartieron que en la vecina Colonia del Mar la situación había sido todavía más grave, ya que no eran sólo las casas, sino también las calles las que habían sufrido afectaciones mayores.

Para mí, que viví mi infancia en la Villa Centroamericana, fue impactante ver los daños visibles en todas las áreas comunes de la Unidad Habitacional. Las grietas que se abrieron en la tierra habían afectado las calles, la cancha de fútbol rápido, el área de los juegos, el mercado y las bardas de la escuela primaria de la unidad habitacional. Las que formamos parte de la brigada, registramos las afectaciones de manera visual con el uso de una cámara y nos dirigimos inmediatamente a la manzana X de la unidad para entrevistarnos con las personas damnificadas.

Pensamos que era importante dejar registro de lo que había sucedido en esa manzana pues lo que vimos al llegar fue un bloque de 8 departamentos a punto de colapsar. Sobre las paredes había letreros de “Precaución” y enfrente un campamento ciudadano a cargo de mujeres, quienes eran las dueñas de dicho bloque y que esperaban pacientemente en la banqueta a que las autoridades llegaran y les dieran una orden de demolición.

Cuando llegamos a presentarnos la comunicación fluyó bien, ellas respondían nuestras interrogaciones sobre el evento del 19-S. Para que supiéramos de primera fuente la condición del inmueble, las señoras nos invitaron a pasar a los departamentos. Entramos, dando pisadas cautelosas, sintiendo miedo y adrenalina, pasábamos de una habitación a otra mientras las dueñas nos guiaban y mostraban todas las grietas en los muros. Escuchábamos con atención sus explicaciones de cómo se habían dañado las estructuras del edificio y de cómo la tierra se seguía asentando, semana con semana las grietas se abrían cada vez más.

Recuerdo que ese primer día que visité a las mujeres damnificadas de Tláhuac, sentí una pena profunda, cuando veía a las señoras mayores acampando, no podía dejar de imaginarme, o de ver en ellas a mi propia madre. Fue muy duro verlas abandonadas por las autoridades, durmiendo en casas de campaña, pasando frio, lluvias, hambre e incertidumbre, sintiéndose todavía más vulnerables y expuestas a las violencias.

Al despedirme de las señoras después de esa primera visita, las abracé y sentí su dolor como si fuera propio; desde ese día me comprometí a regresar a visitarlas en otras ocasiones. De ahí en adelante cada vez que regresaba a verlas a su campamento, me encargué de llevarles algo. En el CIESAS y en mi familia busqué aliadas y amigas que donaron bolsas con ropa y cobijas, que me encargué de repartir durante varios meses junto con las otras brigadistas, Gaby y Eva, en Villa Centroamericana y en Colonia del Mar. Le agradezco profundamente a todas esas personas por solidarizarse y donar ropa para las damnificadas de Tláhuac.

1. Se removieron ciertos datos por seguridad de las personas afectadas