TESTIMONIOS


Mis reflexiones como brigadista en la colonia Gavilleros

Jorge Félix Calva Cano
Estudiante de Licenciatura en Derecho y en Filosofía, UACM
Brigada colonia el Gavillero, Delegación Magdalena Contreras

A principios de noviembre 2017 visitamos a las personas damnificadas por el sismo en la colonia el Gavillero, que queda en la delegación Magdalena Contreras. Tuvimos la oportunidad de acercarnos a los damnificados, nos permitieron entrar a sus casas, aún se percibían las grietas y polines sosteniendo la estructura. Los daños que sufrieron sus casas acrecentó el riesgo que ya existía. Las casas se encuentran en la bajada de un cerro, en tiempos de lluvia el agua desliza la tierra y la basura lo que genera charcos de lodo en la parte plana, frente a sus casas. A pesar de ser una zona semi rural sus condiciones de vida son muy precarias. Cuando me di cuenta que los niños y las familias desarrollan sus vidas completas en pisos de tierra, y que entraban mucho aire y frio por las rendijas de las láminas, me daban ganas de seguir ahí hasta que reconstruyeran.

Durante la primera etapa del proceso de documentación, preguntamos a los damnificados si recibían ayuda o apoyo por parte de alguna organización civil o gubernamental. Nos respondieron que no, que la única ayuda que recibieron fue justo después del sismo y tras el primer mes cuando algunas de sus casas fueron demolidas. La Delegación Magdalena Contreras y algunos vecinos donaron madera y laminas, y apoyaron a levantar cascajo. Después ya no se volvieron a ver los apoyos.

Algunos vecinos mencionaron que poco tiempo después del sismo acudieron a las oficinas de la delegacion para solicitar la reconstruccion de sus casas pero las autoridades delegacionales respondieron que no era competencia de ellos, sino del gobierno de la Ciudad de México y del gobierno Federal (lo cual es contradictorio si uno contrasta el caso de Gavilleros con Santa Rosa Xochiate donde la delegación participó de manera activa en la reconstrucción de las casas dañadas). Otro de los argumentos que les dieron para explicar porqué a la delegación no le correspondía ofrecer planes de reconstrucción, es que Gavillero no es una zona habitable, por lo contrario forma parte de una reserva ecológica (un argumneto que también contradice lo que se expone posteriormente).

A mediados de diciembre de 2017, los damnificados nos informaron que la Delegación ya les iba a reconstruir, y de una forma violenta rechazaron que volviéramos a ofrecerles apoyo. El 8 de marzo de 2018, regresé a la colonia y vi por primera vez que en efecto ya les estaban reconstruyendo sus casas, pero recordé que a mediados de noviembre una de las personas damnificadas había dicho que los terrenos en los que viven y las casas afectadas pertenecen a un Ejidatario. Dicha situación pone en duda la profesionalización de la autoridades al reconstruir, e inclusive el posible engaño a las familias y la violación al derecho de uso sobre el terreno del dueño.

Según las personas que entrevisté en esa visita el día 8 de marzo, supe que durante el proceso de demolición y reconstrucción la mayoría de los niños se tuvieron que ir a vivir con algún familiar, dado que sus padres se tenían que quedar para cuidar sus terrenos. De hecho, una señora me contó que en Gavillero solo está viviendo una persona por familia en lo que logran reconstruir sus casas. Estas decisiones son la única opción que tienen dado que el albergue que abrieron las autoridades sólo permaneció un mes abierto, lo que obligó a las familias a regresar de forma improvisada a sus hogares, aunque estos estuvieran severamente dañados. Recordemos que desde finales de septiembre muchos centros de acopio y albergues dieron por concluida sus labores. Incluso la Cruz Roja cerró sus centros de acopio el 18 de octubre de 2017.

El hecho de que los niños se quedaron sin hogar, lejos de sus padres y sin poder ir a sus escuelas me hace preguntar cómo el Estado está incumpliendo con sus obligaciones de garantizar las condiciones que permitan a los niños desarrollar capacidades cognitivas y afectivas, por medio de actividades recreativas y en convivencia, y de proteger los derechos de los niños a la salud y a condiciones seguras, tal como lo establecen los Artículos 5 y 6 de la Convención de los Derechos de los niños. Marcan como derecho primordial el de la conformación familiar y las garantías a los niños. Para resumir, este proyecto nos lleva a determinar que no sólo hacen falta protocolos, sino hace falta que se cumplan las normas nacionales e internacionales en materia de protección y defensa de los Derechos Humanos.