TESTIMONIOS


Diario de campo
Domingo 11 de Marzo del 2018

Lugar: Delegación Coyoacán, 12: 30 hrs. aproximadamente.
Por: Yareny Gonsen Hernández

Al empezar a recorrer las calles aledañas al una de las cosas que despertó inmediata curiosidad en mi (compartida por Daniel) fue el observar ropa tendida en algunos de los balcones de los edificios, ya que no aparentaba haber estado colgada ahí por los casi seis meses transcurridos hasta ahora desde la fecha del sismo, por lo que la primera conclusión es que ya hay gente habitando sus departamentos, pero ¿cómo? si hasta donde sabemos aún no hay un dictamen definitivo sobre la habitabilidad de los edificios.

Periódicos como Excelsior1 comentaban en el mes de febrero que había desconfianza con respecto a los dictámenes y que algunas personas temían regresar a su departamento, ya que es difícil pensar que un edificio con dictamen verde está “seguro” cuando a su costado tiene uno en dictamen rojo y posibilidad de colapse de un momento a otro. Esto además según algunos comentarios, ha dividido la participación de los condóminos.

Al lado de una iglesia se encontraba la carpa de uno de los edificios, en la cual estaban algunas personas y se podían observar víveres así como un lugar donde la gente prepara sus alimentos y en frente de la carpa, dos sanitarios móviles. Conforme íbamos avanzando nos percatamos de que había más balcones con ropa colgada y ventanas abiertas. Sobre la calle del Bancomer estaba una carpa en la cual se ofrecían alimentos, sin embargo, es notoria la ausencia de gente como lo había las primeras veces que fuimos al lugar de documentación así como de eventos culturales y recreativos para niños como el teatro guiñol, los conciertos al aire libre o los masajes reiki abiertos al público. Una persona nos comentó que apoyos como los conciertos también habían disminuido en parte porque no lograban tener la audiencia esperada, hasta donde se todo este apoyo era voluntario por parte de quienes deseaban aportar un poco para mejorar la situación. Sin embargo como estaba previsto, el deseo por ayudar poco a poco fue disminuyendo aunque la situación de emergencia no ha terminado.

Así lucen los balcones de algunos edificios.

Para empezar los conocimientos de Natalia sobre arquitectura nos dieron la pauta para saber más respecto de las viviendas. Nos comentó que son edificios del modernismo inaugurados en 1957 (casi a la par del terremoto de ese año en la ciudad) y nos ayudó a identificar si algunas estructuras estaban dañadas a causa (muy probable) del sismo o si se trataba más bien de una falta de mantenimiento, algo que en general podía observarse ya que seguramente después de que el ISSSTE dejo de hacerse cargo de la unidad, los arreglos de la misma comenzaron a ser menos frecuentes. Incluso hay una nota del periódico Milenio2 que asegura que en el 2001 un valuador había dicho que solo le daba 16 años al A3 por las malas condiciones en que desde aquel entonces se encontraba el inmueble. Aunque se refería a su valor comercial, esto fue una terrible coincidencia ya que justamente 16 años después ocurrió el sismo.

En cuanto a la labor con las compañeras puedo decir que este es un aspecto muy valioso que me aportó la experiencia del proyecto: el tener acceso a la visión de otros expertos en distintas áreas, no sólo la antropología, porque de esta manera se enriqueció el conocimiento creado colectivamente, lo que no podían ver unos ojos, los de otra persona tenían la capacidad de hacerme observar cosas a las que probablemente no hubiera prestado atención. Y no se trata de hacerse experto en temas que uno no conoce o no ha trabajado antes, sino más bien de escuchar y aprender lo que los compañeros tienen para aportar.

Conforme avanzábamos al edificio A podíamos observar la presencia de algunas personas en los departamentos el B. Al llegar a la puerta del C nos dimos cuenta de que esta permanecía cerrada con cadena y candado. La peculiaridad de este edificio es que se encuentra en dictamen rojo (algo que más adelante nos comentaría nuestro compañero Luis Antonio) y la gravedad de su situación es tal que cada departamento esta sostenido por polines, lo cual ha permitido que el edificio permanezca de pie incluso después de los recientes sismos en la ciudad. No obstante, es evidente que pone en riesgo a todo el conjunto. Por más que en apariencia la vida haya regresado a la “normalidad”, situaciones como ésta dejan ver que no es así, ya que la cotidianeidad no debería estar impregnada de temor de habitar la vivienda propia.

Asimismo, una de las preguntas de Marisol y Natalia nos causó inquietud. Ellas cuestionaron el derrumbe del A, ya que si bien se argumenta que uno de los detonantes fue su ubicación este-oeste, ello no alcanza a explicar el porque unos edificios resultaron más dañados que otros, como el contraste entre dos edificios adyacentes como son el B y el C (con orientación norte-sur), con dictámenes verde y rojo respectivamente. Hacen falta estudios que determinen cuales son las características que están afectando a las construcciones en este lugar. Hasta el momento solo estudiantes de algunas instituciones se han interesado por realizar estudios que arrojen información sobre las causas profundas del desplome del A.

A juzgar por esta sencilla interacción, me da la impresión de que los policías están ahí solamente para cumplir con la función asignada por sus superiores, sin estar informados de la situación (o al menos eso aparentan), ya que parecía no saber ni en que delegación estaba ni el procedimiento para solicitar el supuesto oficio que necesitábamos para poder estar ahí. Nunca antes habíamos tenido la ocasión de platicar con alguno de los policías presentes en la unidad, pero con esto nos queda claro que como suele pasar en nuestra ciudad, la autoridad no sabe nada, solo recibe órdenes y las acata sin utilizar su criterio.

Una vez con Toño, pude preguntarle sobre la gente que veía dentro de sus departamentos y me contestó que era porque los edificios con dictamen verde tenían la facultad de entrar, mientras que los que tenían color amarillo o rojo seguían teniendo dificultad para ingresar a sus domicilios. Sin duda alguna, esto ha dividido a la comunidad de damnificados al menos en dos diferentes bandos: sur y norte, o sea el bando de aquellos quienes ya tienen parcialmente resuelto su problema y aquellos que aún tienen que ver que harán. Este tipo de “soluciones” por parte de las autoridades, que permiten que alguien entre o no a su departamento, lo único que están provocando es la fragmentación de los esfuerzos colectivos.

Podría resumir las respuestas de las señoras en dos puntos fundamentales: ninguna autoridad ha ido a hacer acto de presencia y no hay ningún tipo de solución a su situación. En mi mente sólo tuvo presencia la palabra “vulnerabilidad”: por encontrarse numerosos niños jugando y corriendo entre las lonas y cables, por observar más mujeres que hombres y por las condiciones que se derivan de la falta de mantenimiento de los sanitarios móviles. Además que aún no estamos en época de lluvias, lo cual puede ser un factor que agrave la situación.

El señor mostró desde el principio una actitud más abierta a nuestra presencia, y por sus comentarios parecía estar más al tanto de la situación, ya que él es propietario de dos departamentos en diferentes edificios, es empleado del IMSS y al cuestionarle sobre la actitud de las personas frente a lo que estaba sucediendo solo nos contestó: “Observen ustedes mismos”, aludiendo a la ausencia de las señoras. Respecto a la respuesta que les ha brindado el Estado nos comentó que “ha sido demasiado lenta”, y una de las cosas que llamo mi atención es que cuando hablaba de su posicionamiento como damnificado (incluida la asamblea) frente a la respuesta del gobierno, todo el tiempo hablo de “pelear”, pero nunca escuche la palabra “negociar”.

Me parece importante no solo escuchar lo que las personas tienen que decir, sino la manera en que lo dicen, ya que esto arroja luz sobre la manera en que están experimentando sus procesos. En el caso de la pelea que el Señor mencionaba, hizo énfasis en el hecho de que están luchando contra el gobierno, para lo cual tenían que estar bien preparados y saber qué hacer, saber quién era y cómo actuaba el enemigo. Para ello organizan en sus juntas vecinales. En esta lucha la resistencia ha sido factor clave; resistencia a aceptar medidas como la “Ley Mancera” que propone la redensificación o la asignación de créditos “blandos” que solo endeudarían a las personas.

Estuvimos platicando por algunos minutos con el señor hasta que tuvo que retirarse por motivo de una junta a las 3pm., en la que iba a dialogar con vecinos de los edificios con numeración 4. A su partida, su esposa nos permitió pasar a ver las condiciones del campamento en el que conviven personas de diferentes edificios. Una de las señoras que había regresado a su lugar pidió que no tomáramos fotos. Ella lucía un tatuaje en el dorso de su mano derecha que decía “fe”. Me pregunto si lo tenía desde antes o se lo hizo después del sismo.

Lo descrito me lleva a plantear que, en general, existe la sensación de incertidumbre total para las familias del conjunto habitacional. Incluso en viviendas con dictamen verde, no hay una respuesta clara sobre la viabilidad de permanecer al lado de edificios en dictamen rojo. Lo anterior, desde mi perspectiva (sin mucho conocimiento, es verdad) puede poner en riesgo la seguridad de todos. La sensación que da este lugar es que las personas están olvidadas, tanto por el gobierno como por la sociedad civil que en un momento fue la primera que acudió a brindar apoyo.

Por otro lado, entiendo la necesidad de habitar sus propias viviendas. Entiendo aún más después de visitar el campamento, ya que observé situaciones que pueden poner en riesgo a las personas: desde el cuidado de los niños (pues el acceso al lugar no estaba custodiado por ningún policía, incluso nos comentaron que el 19 de septiembre un hombre intentó robarse a un niño), falta de intimidad (aunque pueda parecer irrelevante, es indispensable en nuestras vidas en el día con día, en eso casos actividades como darse un baño se tornan un verdadero lujo) e incluso hay factores de riesgo que podrían provocar un incendio y las rutas de evacuación son nulas. En definitiva, la necesidad de volver a sus hogares puede hacer que “prematuramente” tomen la decisión de aceptar las condiciones que el gobierno ofrece, sin ser por ello las mejores alternativas.

Lamentablemente dentro del desánimo también se percibe la división de facciones al interior de los condóminos. Lo anterior resulta benéfico para un gobierno corrupto para el cual el mejor de los casos oculta información, niega apoyos y desvía fondos. Un gobierno que ni siquiera asoma las narices por dónde y cuándo es necesario. Todo esto mantiene (obviamente) en desánimo y frustración a las personas. Sin embargo, es posible ver interés en seguir adelante como unión de vecinos. Por mi parte, una experiencia de este tipo es agotadora más mental que físicamente dada la sensación de impotencia que genera la falta de atención de las autoridades, aunque haya que “aprender” a lidiar con ese tipo de sensaciones.

1. Fuente: http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2018/02/05/1218228, consultado el 9/4/18.

2. Fuente: http://www.milenio.com/region/valuador-pronostico-muerte-multifamiliar_tlalpan-terremoto-cdmx-edificio-milenio_0_1054694542.html consultado el 9/4/18.

3. Se removieron datos por protección de las personas que participaron en el ejercicio de documentación