TESTIMONIOS


Diario de campo
Unidad de la Delegación Ciudad de México

Daniel Ramirez Uribe
Antropólogo Social

Al girar en la esquina un niño corrió frente a nosotros. Detrás de él venía una mujer de unos cuarenta años que nos observaba detenidamente. Ella pasó de largo por nuestra derecha y sin alejarse mucho de nosotros volteó un par de veces hasta que se detuvo y nos dijo: "ustedes no son de aquí". A lo que contestamos confirmando su observación y aclaramos que nos encontrábamos realizando un registro para identificar las diferencias que se han presentado de unos meses a atrás al día de hoy. La señora nos advirtió sin ser grosera que de mantenernos ahí seríamos detenidos por los policías, ya que los vecinos no querían más extraños transitando por la Unidad debido a los constantes asaltos y robos a los departamentos.

Al igual que con el policía, aproveché el contacto para cuestionarle sobre su postura respecto de la seguridad, contestó que es muy mala. Le pregunté si esto ocurría recientemente o era algo que pasaba desde el principio. Ella refirió que es algo que pasaba desde los primeros días. Nos comentó que no solamente les preocupan sus pertenencias, sino aún más la seguridad de sus hijos. Lo anterior ya que en los días posteriores al terremoto, un sujeto intentó raptar a un niño. Sin embargo, no lo logró pues el infante escapó y dio aviso a sus padres por lo que varios vecinos salieron a perseguirlo. Alcanzaron a la persona y lo golpearon hasta casi matarlo. En palabras de la propia señora: “los policías lo salvaron”. […]

Salimos de esa zona y nos dirigimos hacia el campamento de las canchas. Cuando íbamos por la Calzada notamos a un par de niños que subían un garrafón de agua de 10 litros mediante una polea. La niña acomodó y aseguró el objeto desde la planta baja mientras que el niño jalaba con dificultad, pero de forma constante hasta subir al piso superior del edificio la carga. La escena nos llamó la atención por lo que tomamos un par de fotos y continuamos.

Una vez en el campamento de las canchas, Toño entró solo para hablar con los damnificados y pedir permiso para que nos dejaran pasar a los demás al campamento. Luego de unos minutos nuestro compañero salió y nos notificó que habían accedido. Al entrar nos encontramos con tres mujeres, dos de las cuales, según mi impresión, no pasaban de los 35 años mientras que la otra se veía de unos 50. Las más jóvenes veían una película transmitida por el canal 5 en una pantalla sentadas en una mesa bajo una lona. La otra mujer sacaba ropa de una lavadora que estaba a no más de un metro detrás del televisor. Sólo las dos primeras hablaron con nosotros. Todo parecía improvisado y desordenado, los cables de electricidad creaban marañas en el suelo que debías tener cuidado de no pisar, había algunos trastes desechables usados y algo de basura alrededor, un pequeño perro Chihuahua se nos aproximó y comenzó a ladrar agresivamente. Toño nos presentó brevemente con las mujeres, las noté poco convencidas, pero tomé la iniciativa de conversar con ellas explicitando los motivos de nuestra presencia en ese lugar. Entre ladridos y el ruido del TV, les mostré mi credencial del CIESAS e hice preguntas sobre los cambios en sus dinámicas cotidianas de unos meses atrás a la fecha. Pensé en preguntar sobre las dudas que había planteado en clase sobre sus espacios de esparcimiento. Cuestioné su percepción sobre la ausencia de voluntarios que organizaban eventos recreativos cada fin de semana, meses antes. Una de ellas contestó, sin despegar del todo la vista de la televisión y en tono de queja, que la razón principal detrás era la falta de participación y apatía de los mismos damnificados, había ocasiones, según sus palabras, en las que los voluntarios intentaban integrar a los vecinos a las actividades recreativas pero estos no participaban. A la hora de cantar o bailar eran pocos los que se animaban. Una de ellas tomó al perro e intentó calmarlo entre sus brazos sin éxito.

Al no verlas muy interesadas en el tema que les propuse, decidí cambiar a un tópico que quizás les resultaría más relevante, por lo que pregunté sobre su opinión sobre el apoyo del gobierno y el abastecimiento de víveres. […] Por otro lado, sobre el abastecimiento señalaron que les faltan muchas cosas, comentaron que tienen la impresión de que la euforia por ayudarles ha pasado, casi no reciben donaciones y les faltan muchas cosas.

En esos momentos llego un hombre de no más 40 años y se acercó a la mesa con las mujeres, le comentamos brevemente lo que estábamos haciendo y empezó a platicar con nosotros. Las mujeres aprovecharon que platicábamos con el señor para levantarse y retirarse. El perro continuaba ladrando, nuestro interlocutor lo levantó en sus brazos y acarició calmándolo por fin. Le pregunté sobre su postura ante la reconstrucción. Nos explicó que se encuentra muy interesado en la respuesta del gobierno respecto de su situación como damnificados. Sin embargo le preocupa que las divisiones que han aparecido entre los que vecinos que “quieren darse por vencidos” y los que “están dispuestos a esperar” obstruyan cualquier posibilidad de un logro que beneficie a todos, según su opinión deben ser inteligentes y no desesperar pues el gobierno apuesta al desgaste y a esas divisiones.

Debido a lo anterior, procura informarse constantemente y quiere capacitarse con lo que pueda. Por ejemplo, está dispuesto a tomar las pláticas de información que darán unos abogados solidarios que buscan apoyarlos e informarlos sobre sus derechos y posibilidades de acción legal. Luego de un rato de platicar con él, señaló que debía retirarse pues tenía una junta con los vecinos. Nos dejó con su esposa quien accedió a dejarnos pasar por el campamento.

Tras un recorrido donde pudimos observar lo apretadas que se encuentran las personas en ese espacio tan reducido, nos retiramos no sin antes dar las gracias por la confianza. Al salir del lugar Natalia hizo hincapié en lo peligroso que es ese campamento en términos de rutas de evacuación y riesgo de incendio, pues hasta donde pudimos ver, sólo hay una salida muy estrecha. Yo personalmente no vi ningún extintor cerca.