TESTIMONIOS


Alejandro Sánchez
Brigada Colonia María del Carmen, Delegación Benito Juárez

Participar en el proyecto de documentación fue la oportunidad de colaborar de manera voluntaria en un esfuerzo de mucho potencial. El equipo surgió de una clase dada por la profesora Serena Chew, de la Facultad de Ciencias Politicas y Sociales de la UNAM, en la que nos dio la opción de realizar nuestro trabajo final los temblores de septiembre 2017 porque ella nos decía que marcaron y transformaron la percepción que teníamos del espacio. Así fue cómo nos integramos a las brigadas. Nuestro equipo estuvo conformado por Yareth Arciniega, Beverly Gil, Daniela Figueroa, Héctor Cortés Ayala y yo, Alejandro Sánchez, todos de la UNAM.

Tanto en los meses que estuvimos participando en la documentación como ahora me parece de suma importancia ocuparme y preocuparme por lo coyuntural. Como estudiante de antropología (y aunque no lo fuera) fue imposible ignorar lo que se estaba viviendo en la ciudad; tocó hasta nuestra más profunda e ignorada condición de vulnerabilidad. También surgieron entre el equipo algunos interrogantes que fuimos debatiendo semana con semana. Algunas de esas preguntas eran: ¿A pesar de lo que hemos visto como habitantes de la Ciudad de México cabría loar el desempeño de las autoridades después del sismo del 19 de septiembre de 2017? ¿Debemos creerle a los boletines que las dependencias difunden para informarnos que ya se está trabajando por reconstruir y reparar las viviendas? Muchas podrían ser las pruebas para dar una contundente negativa a estas preguntas.

Nuestras visitas al albergue reafirmaron muchos de los señalamientos que los medios críticos y personas estaban señalaban: la mala o nula distribución de diversos apoyos que debería proporcionar el gobierno de la CDMX para los damnificados y la poca respuesta de ofrecerles un alojamiento temporal digno. Asegurar condiciones de alojamiento para las personas que perdieron todo debería existir ser una política del gobierno hasta que todos los damnificados tengan una vivienda. Esto no sucedió así; fueron los esfuerzos de la ciudadanía los que cobijaron a quienes se encontraban en la difícil situación de vivir en la calle.

Siendo realistas veo muy dificil una solución transparente y consensuada para responder a las problemáticas que nos compartieron las personas que pudimos entrevistar en el albergue. El gobierno - que se supone debe prevenir y atender un desastre - incumplió con sus obligaciones hacia la ciudadanía. Podemos pensar en el sismo como una especie de catalizador de los problemas que ya tienen un arraigado profundo en la estructura de esta ciudad.

Discriminación, fraude, corrupción, manipulación de la información, marginación son sólo algunas palabras que podemos utilizar para describir las acciones de las autoridades. Por otro lado aún podemos aplaudir los esfuerzos que lleva a cabo la sociedad “de abajo”. Surge otra pregunta: ¿Qué podemos esperar de las acciones opacas y enrarecidas de un gobierno que busca salir impune y cómo debemos presionar como sociedad civil para que cumpla con sus obligaciones?

Debo confesar que empecé a participar en el proyecto de documentación de afectaciones con el aún ferviente ímpetu que la indignación enciende en los corazones de los que presenciamos un edificio colapsado y que tuvimos entre nuestras manos escombros de lo que en algún momento fue el hogar de alguien. Ahora pesa sobre mí la frustración que esa indignación no puedo convertirse en otra cosa salvo la de registrar la historia de alguien que se quedó sin un luga dónde vivir, sin un lugar para dormir y con la incertidumbre infernal de las posibilidades de recuperar una vivienda a futuro.

Así como el temblor de 1985 marcó las vidas de quienes lo vivieron, así nos ha de marcar a nosotros el 2017, pues si bien la magnitud del desastre es incomparable, puedo decir que lo que sí es comparable es la execrable negligencia de nuestros gobiernos. A pesar de la frustración, la documentación de afectaciones es hacer memoria, y es en lo que podemos contribuir para no perder de nuevo el rumbo como sociedad, debemos asirnos a ella pues así ha de estar presente en cada paso que demos hacia la reconstrucción de nuestra sociedad.