TESTIMONIOS


Jorge Félix Calva Cano
Brigada Gavilleros, Delegación Magdalena Contreras

En la primera semana del mes de octubre del año 2017, estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), decidimos continuar con el trabajo de recolección de acopio, apoyo en asesorías y trámites a damnificados por el sismo. Esta iniciativa que teníamos se combinó con la propuesta del maestro Javier García, quien en ese semestre nos impartía la materia de derecho administrativo. Su propuesta buscaba realizar brigadas que asistieran a las zonas con mayor afectación, esto con el objetivo de organizar una base de datos y aprovechar para ayudar a las personas con acopio o a solventar alguna necesidad que tuvieran derivada del sismo.

Respondiendo a la propuesta del maestro Javier, quienes estábamos inscritos en su grupo, nos conformamos en cuatro comisiones: Gavilleros en la delegación Magdalena Contreras, San Gregorio en Xochimilco, la Comisión de jurídico y la Comisión de administrativo. Junto con un grupo de estudiantes escogimos la comisión de la Colonia el Gavillero por recomendación de una compañera de la licenciatura en derecho, quien vive a menos de un kilómetro de dicha comunidad. Previamente, ella había escuchado por los mismos vecinos de la afectación en Gavillero, y había asistido a llevar acopio.

La brigada estuvo integrada por siete personas quienes decidimos asistir a ese lugar por distintas razones: 1) La primera es que era el único lugar de toda la Ciudad de México donde no había más de una brigada; 2) los habitantes de Gavilleros se asumían como abandonados tras el sismo; 3) es visible el alto índice de pobreza, marginación y abandono, 4) por el gran número de niños que habitan ahí; 5) consideramos que las condiciones políticas de la zona daban para acelerar la reconstrucción (podríamos decir que a mayor pobreza, mayor interés de los partidos por cooptarlos).

Como brigadistas de un programa de investigación y recolección de datos no contábamos con la teoría necesaria para poder desarrollar este trabajo, pero el conocimiento en cuestión de derecho y la experiencia que teníamos como parte de una sociedad con pocas alternativas y oportunidades económicas, políticas y en derechos, nos sirvió para plantear caminos y posibles soluciones en la comunidad el Gavillero.

Posteriormente, tuve la oportunidad de asistir al seminario de investigación de desastres socialmente reconstruidos, con perspectiva de Derechos Humanos, en el CIESAS, conocí un poco de la teoría de Fals Borda, quien hace énfasis en la importancia de sumar los conocimientos tanto científicos, populares y los que devienen de la subjetividad, pero dando un enfoque objetivo. Es así que tuve la oportunidad de digerir de forma teórica el fenómeno social de reconstrucción en la Col. El Gavillero. “El conocimiento popular y el sentido común como fuentes de fórmulas” (Fals Borda, 1986).

Considero que la razón para apoyar dicha comunidad surge después de visitar otras zonas de desastre en la CDMX, entre las cuales estaba: San Gregorio; Tlalpan; La Condesa; La Col. Del Valle; La Col. Doctores; La Col. Guerrero; San Lorenzo Tezonco Tláhuac, entre otras. En todas las zonas de desastre la ayuda era indispensable y no importaba el tamaño de la afectación, sino que se tenía que atender a todos los afectados, bajo esta premisa es que consideramos que Gavilleros también merecía ser visibilizado y ayudado1.

En la visita a la Col. El Gavillero, aparte de ser testigos del nivel de pobreza, desnutrición y enfermedades que tienen los habitantes, decidimos preguntarles sobre el tipo de alimentos que consumen después del sismo, la respuesta fue: “los mismos que consumimos siempre, sopa, arroz, frijoles, enchiladas, nopales entre otras cosas”.

Después de su respuesta les ofrecimos apoyo en víveres y su petición no fue distinta, solicitaban que les apoyáramos con bolsas de arroz y frijol, aceite, sopa, jitomate y material higiénico. Ante dicha situación consideramos que el apoyo debería ir más allá del sismo y que el trabajo que deberíamos emprender tenía que dirigirse a mejorar las condiciones de vida de la zona, tanto materiales como culturales. Las condiciones económicas y de hábitat, son factores fundamentales en el crecimiento cultural y educativo de los niños, esa fue una prioridad que trazamos en los objetivos; mejorar las condiciones de vida de los niños y acercarlos a nuevas formas de convivencia que puedan conllevar a una formación más sana2. Ejemplo de las actividades que alcanzamos a realizar fue un taller de elaboración de papel picado y figuras para el día de muertos, el mismo día colocamos una ofrenda en una de las casas de los damnificados. Durante el desarrollo del taller los niños mostraron felicidad e inclusive corrían a enseñarles a sus padres las cosas que habían realizado, mostraban satisfacción por lo aprendido. Alcanzamos a ver que al concebir un desastre como socialmente construido, se pueden expresar más problemas pero también más soluciones a los problemas existentes.

Gráfica 2.1 Localización de albergues y campamentos documentados

Regresando a las cinco razones que nos motivaron inicialmente, la última la entendimos así: vimos que las condiciones de pobreza no eran distintas a las que existen en la zona Norte de la Ciudad de México y que inclusive la dinámica de vida era casi la misma. Tal situación nos llevó a deducir que no tardaría el gobierno en hostigarnos o desplazar el apoyo que intentábamos ofrecer. Pero, si así lo hacía, tendría que sustituir nuestro ofrecimiento a la comunidad y lo tendría que asumir el gobierno.

1. “la catástrofe fue el resultado de la interacción del desarrollo humano y los patrones de asentamiento en el Medio Oeste durante el siglo anterior, las alteraciones de la gente a la hidrología de los principales sistemas fluviales de la región y los niveles de precipitación inusualmente altos desde el otoño de 1992 hasta el verano de 1993” (pp. 27. Barrios).

2. “despite these claims, ethnographic research demonstrates that these principles and techniques enabled the creation of social, spatial, and material conditions that disarter survivors could not affectively experience as recovery” (pp. 257, Barrios).