TESTIMONIOS


Testimonio de la visita al campamento de los afectados por el sismo del 19 de septiembre de 2017.

Hannia Torres Felix
Estudiante de la Licenciatura en Derecho UNAM, 3er semestre

Como estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, después de ocurridos los desafortunados hechos del 19 de septiembre, por invitación de la profesora Mylai, acudimos al campamento en el que se encontraban instaladas las personas que habían salido de su edificios por temor a que estos se derrumbaran por replicas.

Al acudir a los campamentos para recabar información de las familias afectadas, la experiencia que viví fue un poco diferente de lo que yo había idealizado. Vi una realidad muy triste. Las personas que vivían en el campamento estaban en la calle, no tenían ayuda del gobierno y la única mano que en ocasiones iba en su ayuda, eran los propios ciudadanos.

Las veces que acudimos a recabar los datos de los afectados me permitieron apreciar distintas situaciones: en ocasiones no estaban, ya que aun cuando se encontraban en una situación difícil, tenían que seguir trabajando y acomodarse a lo que en ese momento tenían.

Algo muy notorio fue que la situación de estar en la calle era difícil para ellos. Lo anterior porque, además de no tener respuesta del gobierno, vivienda donde descansar, bañarse, preparar alimentos y convivir con sus hijos, tenían que afrontar el acoso de los reporteros que pedían entrevistarlos. Después de las entrevistas los reporteros moldeaban la información que se les proporcionaban o, en ocasiones, hasta inventaban hechos que jamás habían ocurrido.

Lo más sorprendente para mí fue escuchar de viva voz a uno de los inquilinos del edificio comentar que para desalojarlos, acudieron granaderos. Estos aseguraron que tenían orden de desalojo afirmando que el edificio se encontraba en malas condiciones debido al temblor del 19 de septiembre y no podía seguir siendo habitado. Aun cuando se mostró el peritaje señalando que el inmueble estaba en buenas condiciones y era habitable, los policías encañonaron a los niños y ancianos y, a punta de pistola, los sacaron del lugar. Por si fuera poco, no les dieron permiso de sacar sus pertenencias. Además, todas esas noches las personas tuvieron que dormir en la calle, sin que ninguna autoridad les dijera realmente el porqué del desalojo, pues la orden nunca fue mostrada.