TESTIMONIOS


Por qué sumarse al proyecto

Eva Bidegain

La mañana del 19 de septiembre acababa de regresar de un año de trabajo de campo en el norte del país donde indagué sobre el padecimiento y la atención biomédica de la tuberculosis pulmonar. Un largo año atravesado por tres duelos, de los que los filósofos, poetas, terapeutas y algún que otro antropólogo social califican de disruptivos en la identidad de los sujetos sociales: muerte, separación y mudanza. Tal vez ello, se sumó a la permanente sensación de extranjería desde mi llegada a México en el 2015, con modos de expresar y participar socialmente tan distintos a la cultura fronteriza del norte de argentina que conforma mi pattern cultural. Nunca antes había sentido un sismo, aprendí a escuchar la alarma sísmica junto a los nuevos sonidos de esta gran ciudad hasta aquel mediodía de septiembre. De modo que el zarandeo del suelo al final de mi primer encuentro con nuevos profesores en un curso de seminario del CIESAS no tomó ribetes de desesperación y de gravedad, como en cambio, los rostros de mis compañeros y docentes delataban, acostumbrados a los temblores con memoria del sismo del año 85. Regresé a pie a mi nueva casa, donde encontré apenas una taza caída. La zona sur que se edificó sobre el pedregal de Santo Domingo amortiguó el impacto sísmico. Por la radio, luego cuando se restableció la señal de teléfono y el internet, nos dimos cuenta de la gravedad del ahora 19S. Nos preparamos un par de mochilas con mi roomie y fuimos inmediatamente a Ciudad Universitaria de la UNAM a colaborar en lo que hiciera falta. Calles sin luz, gente en las calles, camionetas pick up trasladando voluntarios, vi gentes deambulando de aquí para allá con velas, linternas, agua embotellada, comida. La marea de gentes me conmovió. Donamos sangre una treintena de personas con la llegada del día.

Lamenté no haber realizado aquellos cursos de la Cruz Roja, o tener una profesión de enfermería, medicina, ingeniería o arquitectura. Cerca del día 20 subí hacia la colonia Benito Juárez y vi las ruinas de las zonas más turísticas y coquetas de la Ciudad de México. En la improvisada Asamblea que se generó entre los que estaban participando en el suspendido evento Transitio1, artistas locales e internacionales, debatimos sobre si convenía en medio del caos y el terror hacer performances e instalaciones de arte, o más bien, generar una nueva obra colectiva, una especie de laboratorio donde performáramos el desasosiego con una radio abierta en una casa tomada por un colectivo de ocupas que funciona como una usina de arte cerca del Metro Santa María la Riviera.

Aquellos artistas que decidieron enfrentar el terror con arte lo hicieron con lo que se tenía a mano. Los que teníamos acceso a redes y una casa en lugar seguro, seguimos performando: hospedamos y trasmitimos la información de albergues, alimentos, ropa, insumos de higiene y primeros auxilios. Entonces Mariana Mora convocó a una reunión a los estudiantes del CIESAS para lo que luego tomó forma como Documenta Desde Abajo. Nuevamente, el debate de cumplir o no las agendas, los días corrían para todos, docentes y estudiantes de posgrado de ciencias sociales, los tiempos institucionales con las entregas de lecturas y procesamiento de la información de campo de los que veníamos de fuera y esto, que nos cacheteaba bien cabrón, como dicen los mexicanos.

Me sumé a relevar Tláhuac porque no estuve en las colonias afectadas, ni participaba activamente en un albergue. En lo personal, porque si bien lamento, sobre todo trabajando en salud, no tener pericia ni permiso en atención biomédica, reconozco que las ciencias sociales pueden servir para escuchar, mirar, observar de una manera específica, y de alguna manera, dar elementos políticos, económicos, culturales y sociales al drama social que estábamos viviendo. Dividimos tareas con Gabriela y Ámbar. Me encargué de las fotos, y de marcar puntos de GPS dentro de la pequeña brigada. Esta experiencia de ir con colegas a registrar las historias de personas que perdieron todo, más allá de lo material, fue una experiencia inesperada, conmovedora y valiosa en lo personal. Porque una cosa es planificar un proyecto desde la distancia física y cotidiana, y otra cosa es ir desenvolviéndolo mientras te enfrentas a la tragedia anunciada, sintiendo el dolor, tocándote de alguna manera por las historias que confluyen en tu historia personal, eso de invertir años en una casa, los sueños, los sacrificios, que te aguantes las condiciones en las que te encuentras cuando decides hacerte un refugio y cobijo, y que luego todo se derrumbe, literalmente. Cuando vine a México cambié de casa, dejé cosas que en estos tres años ya no están de los lugares donde anduve. Entonces el despojo de las casas de las mujeres con las que conversé, se parece a este despojo que tiene la vida de trashumancia e imagino la precariedad del homeless. Como si la incertidumbre acicándote la espalda te recordara que no existe nada seguro, sino más bien la ilusión de repetir todos los días un mismo guión, volver a una casa, descansar, hacer intimidad, salir de nuevo y tener más o menos la expectativa que todo funciona más o menos bien. Hasta que aparezca un sacudón, sea un sismo o un evento traumático.

Mencionar las circunstancias en que me involucré en este colectivo de registro, los intereses políticos de acompañamiento y denuncia, y de mis expectativas de que lo que he escrito, ya a la distancia de un año y lejos de CDMX, también es útil. Como el trabajo de los médicos, los ingenieros, los geólogos y los geógrafos. Junto a los que están en un espacio intermedio entre las ciencias cuanti y las cuali: los artistas. Y que sea esta, una mínima forma de corresponder la oportunidad de formarme en universidad pública en Argentina y aquí, con una beca de fondos públicos. Seguramente quedarán cosas por mencionar, apuntar y analizar en mi contribución a este capítulo colectivo que redactamos junto a Ámbar, Ariana y Rosalba. Una nueva experiencia de co-creación, en las condiciones de urgencia en la que fueron realizadas, de las que agradezco la oportunidad de que saliera pese a todo, y bancada por todos.

1. Festival de Artes Electrónicas y Video, que desde el 2005 se realiza en el Centro Nacional de las Artes de Ciudad de México.